Al contrario que en la cultura, en la
selección natural la solución precede al problema.

J. Wasensberg

Por si acaso hay alguna sospecha infundada, creo que sigo cuerdo o todo lo cuerdo que yo puedo estar, pero en la manía de pensar reside también el vicio de querer compartir lo que se piensa.

En nuestros debates a menudo recurrimos a esta aporía: ¿qué fue antes la gallina o el huevo? Y recurrimos a ella, en general, cuando no queremos reconocer la verdad, a veces no toda la verdad, del razonamiento de la persona que nos contradice.

    Pero estaréis ya pensando ¿a qué viene toda esta introducción? Vayamos al grano que es plato de gusto de las gallinas. El grano es el asunto del solar que debemos y tenemos que encontrar y que será el fundamento de nuestra infraestructura dura.

    Hay partidarios de la gallina y dicen que habría que definir primero, hablando y debatiendo por supuesto, cuántos metros cuadrados necesitamos de mínimo y de máximo para poder dotarnos de un edificio o sistema de edificios que puedan albergar todo lo necesario para satisfacer nuestros deseos de vivir bien y de tener una buena calidad de vida y luego con esos parámetros buscar el solar.

    Sin embargo también hay personas partidarias del huevo que dicen que primero hay que tener un solar y luego hacer un concurso de ideas para que los arquitectos desarrollen en ese espacio un proyecto que nos satisfaga. 

    En nuestro sistema cultural casi siempre definimos primero el problema y luego buscamos la solución, pero también sabemos que cuando un problema se enuncia de forma precisa ya se está anticipando la solución. Por lo tanto enunciemos bien el problema: ¿Cuántos metros cuadrados de gallina necesitamos y dónde será el sitio en que esa gallina no nos cueste un huevo?

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