Algunas de nuestras infancias transcurrieron en un pueblo, en un entorno natural, y, tras otras experiencias vitales en la ciudad, algunos queremos volver a sentir, de nuevo, la sensación de formar parte de un trozo de tierra, de naturaleza.
    Vamos a estar muy cerca de la ciudad donde tenemos ahora nuestro hogar, pero en el mundo rural donde nos rodea la naturaleza. En un equilibrio entre los servicios que nos ofrece la ciudad y el disfrute de los beneficios saludables del campo.
    Invertiremos el ahorro de nuestro trabajo en algún agradable terreno, y, empezaremos a poner los cimientos, las paredes y el techo de nuestra residencia. Un proyecto que seguiremos día a día con gran ilusión y atención. Será una construcción integrada en su entorno, y la única huella de su presencia será la de los hombres y mujeres que allí vivamos, los que procuraremos integrarnos en los proyectos sociales del barrio o pueblo. Intercambiaremos saberes, actividades y emociones con nuestros vecinos, que tan cerca de nuestra vida van a estar. Saludaremos en la calle al médico, a los vecinos, también a los maestros, para los que seremos una referencia de convivencia. Todos nos conoceremos.
    Nuestros sentidos se potencian cuando el entorno no es artificial, tiene vida. Nuestros ojos descansan con los contornos suaves, los colores de la tierra y los diferentes verdes de la vegetación; los oídos se recrean cuando nos llega el rumor lejano de un río, y su susurro o estruendo cuando está cerca, el sonido de los grillos; y olemos al verde, a romero, a tierra mojada.
    El fluir de los días será vivo y placentero.

    En el huerto comunitario, desde luego que haremos ejercicio y es cansado, las manos de muchos descansarán al otro, pero, compensa tanto la satisfacción de ofrecer alimentos sanos y sabrosos.
    Hay mil caminos por descubrir, sendas y andurriales que nos mostrarán diferentes rincones naturales donde disfrutar de una panorámica, la sombra de un árbol o una tierra trabajada.
    Hemos vivido en casas grandes de pueblo, con sus escaleras, su jardín, sus muchos espacios. Juntos vamos a querer compartir convivencia y casa, volver a tener muchas experiencias que den sentido a esta nueva etapa de nuestra vida. Nuestros hijos y familia se acercarán a este pequeño universo a pasar ratos con nosotras, espacio que también a ellos les ofrecerá momentos diferentes de los cotidianos en la ciudad.
    A la ciudad nos acercaremos en el tren o autobús de cercanía, a menudo, al principio, a ver a la familia, al cine, una exposición, etc. pasado el tiempo vamos por obligación, a los médicos, a gestiones personales, nos va a costar dejar nuestra actividad, nuestra residencia, en fin la tranquilidad que nos gusta.

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