Acuarela de Javier Vicente

Me siento feliz, ha sido un día trepidante y lleno de emociones. He celebrado mi cumpleaños, 75 nada menos y qué bien lo he pasado con mis Crisálidas. Conocen mi amor por la montaña y que añoro no poder ir con la frecuencia de antaño, así que me han preparado una fiesta por todo lo alto: Han reunido a todos mis queridos trotamundos y ¡oh sorpresa!, cuando he bajado al comedor, ahí estaban cantando el cumpleaños feliz. Mis amigos de siempre y mis amigos de ahora. Todos juntos. Ha sido un momentazo y no he podido evitar unas lagrimillas de felicidad. ¡A veces la vida te sorprende con detalles!

Me acuerdo cuando empezó la idea de irnos a vivir juntos, el conocernos, nuestros recelos,  el saber como sería nuestro futuro, si seríamos tolerantes, si nos ayudaríamos, como sería nuestra vida en común… Han pasado catorce años y parece que fue ayer cuando preparábamos nuestras primeras jornadas en Morillo de Tou. Luego vinieron las jornadas en Murcia, las de Benasque, las de León y muchas más. 

Cuántas dudas al principio, y qué contenta de estar aquí. Costó encontrar este pueblecito; todo eran pegas y fue difícil hallar el equilibrio, pero ahora ya formamos parte de él y creo que nos aprecian los vecinos. La vista que tengo desde mi terraza es magnífica. Los árboles están crecidos y me paso mucho tiempo mirándolos. Cuido de mis plantas y creo que ellas también de mi.

Los debates que tenemos sobre lo divino y  lo humano a veces me agotan pero es muy gratificante que alguien te escuche y sobre todo no sentirme sola. Siempre hay alguien para poder conversar un rato. Me encanta cuando nos juntamos a ver una película y durante dos horas nos olvidamos de todo. Cuando tengo insomnio y miro si alguien tiene luz todavía  y llamo a su puerta y nos contamos batallitas. Cuando estoy pachucha y no me falta el café calentito por la mañana. Cuando tengo el día tonto y siempre hay alguien que me aguanta durante un rato porque sabe lo que es eso. Cuando…

Debería pensar en apagar ya la luz, mañana nos espera otro día emocionante. Como en  esta gran familia bullen tantas ideas, no hay ni un día de descanso. La última ha sido que a alguien se le ocurrió hermanarnos con un cohousing francés y mañana vienen a visitarnos. Hemos ensayado un recibimiento en francés y una danza. En fin, que me voy a dormir. A ver que se les ocurre para los 80 porque con lo que ha costado llegar hasta aquí y lo a gusto que estoy, tenemos celebraciones para rato.

¡Buenas noches, mundo!

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