Tras un año sin poder acercarnos personalmente todo lo que nos hubiera gustado: darnos abrazos, ver nuestras sonrisas, estar más cerca en definitiva, llegó el momento de nuestra primera escapada juntas.

   Todas estábamos ansiosas por ver cómo serían esos días y tras el trabajo de Pepa por ir a Orihuela del Tremedal (que nos queda pendiente), nos vimos obligadas debido a la pandemia, a cambiar la ubicación y nos fuimos al Sobrarbe, tierra sin duda con solera y muy hermosa, en concreto a Morillo de Tou, al lado de Ainsa y a orillas del Embalse de Mediano.

   No fuimos todas, era difícil, pero estuvo bien juntarnos 33 Crisálidas, algunas solamente el fin de semana.

   Durante cinco días hemos compaginado naturaleza, gastronomía, danzas, tertulias, pequeños paseos y sobre todo, hemos tenido la suerte de poder estar más tiempo juntas.    Dispersas en un pequeño poblado, unas en bungalows, otras en apartamentos o en pequeñas casas, hemos imaginado cómo sería nuestra vida en ese sueño que todas albergamos dentro y creo no equivocarme al pensar, que nos hemos sentido unidas y bastante felices en el roce diario.

   Cada comida era un descubrimiento: Íbamos conociendo cuántos hijos tenemos o no tenemos, cómo fue nuestra infancia, qué nos gusta hacer, cuáles son nuestros platos preferidos…

   Aquellas que tuvimos la suerte de compartir apartamento, vivimos los susurros de la noche, escuchando los ecos de otros tiempos, siempre interesantes y que nos va dando idea de las personas que están a nuestro lado.

  También hubo tiempo para que Javier nos planteara dónde está el límite de la tolerancia o Alfredo nos hiciera pensar sobre nuestras certezas y creencias.

 Hubo pequeños regalos simbólicos para disfrutar de la generosidad y de unas danzas armonizadas por el grupo de danzarinas que tenemos la suerte de tener entre nosotras.      

Los pequeños paseos por Alquézar, Tella o Pineta, nos reencontró con la naturaleza y eso siempre nos hace más humanas. El Pirineo y Prepirineo siempre es un regalo y en primavera está precioso.    

 De la mano de Alicia pudimos saber cómo se impulsó y cuánto tiempo costó hacer algo tan especial como el complejo de Morillo. Su biblioteca, sus salones y sobre todo los recuerdos del pueblo reconstruido por muchos voluntarios, nos hicieron también partícipes de todo el esfuerzo para conseguirlo. ¡¡Mil gracias, Alicia, por la emoción que nos transmitías al contarlo!!!       

En definitiva, creo que han sido unos días estupendos, donde ha habido armonía y sin duda será un bonito recuerdo para las Crisálidas cuando hagamos balance de esta primera andadura.      

Era un pequeño reto, ojalá todos nuestros retos sean tan gratificantes como éste.    

 Para acabar, y recordando nuestro último día con la visita a la bodega Enate, me gustaría brindar por nuestro futuro:    

 «El mejor vino no es necesariamente el más caro, sino el que se comparte»

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