Fue y no fue una excursión más en la que vamos conociéndonos y aprendiendo a querernos, que ya es mucho.  

 Disfrutamos y conocimos más a Ángela, ya que es transparente y comparte sus experiencias y conocimientos, ¡es muy generosa!

    Le gusta vivir en la naturaleza con lo más básico, aunque su hijo la atrae hacia Zaragoza.

    Prenda, ¡qué cariñosa eres! Sería esto lo que dio ese gran sabor a la caldereta que nos comimos.

    El huerto ofrecía, de forma natural, sus frutos, lo mismo que Ángela. Y Tarazona fue el otro escenario, su catedral, casco histórico y rincones con encanto.

    Nos volvimos muy satisfechos.

    ¿Qué hay que hacer para que todos confluyamos en ese bienestar? Seguro que se trata de nuestro Proyecto que ha reunido a buena gente.

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