Qué decir de mí, cómo presentarme públicamente ante vosotras, cómo hacer que este relato diga algo (más o menos acertado) de quién soy, es algo a lo que le estoy dando vueltas desde hace unos días. No me resulta fácil (como bien dice Carmen A. “conocerse no es fácil”). He releído vuestros perfiles para inspirarme…y todos me gustan (la verdad es que me gustáis!)

   En fin, empezaré por el principio:

   Aunque nací, casi accidentalmente, en Zaragoza (de ahí, como recuerdo, mi nombre), toda mi crianza transcurrió en Teruel, esa ciudad pequeñita y provinciana, tan querida, que tiene uno de los cielos más bellos y uno de los fríos mas sanotes.

   Soy la tardana de tres hijas de una familia humilde (y marcada por la guerra, como casi todas) que nos inculcó lo esencial de ser buenas personas, la importancia del trabajo responsable, de ganarnos la vida para no depender de nadie y de “no dar que hablar” ni significarse, valor éste muy de la época, era 1954!

   Mi infancia (que no me atrevo a decir feliz) fue de juegos en la calle, en el barranco, bastante asilvestrada. Lamentablemente, no he tenido pueblo para seguir practicando.

   Estudié, como mis hermanas, en la escuela pública y luego en el instituto, yo con la inmensa fortuna de tener, en los últimos años de bachiller y COU, a profesores como Pepe Sanchis , Labordeta, Juana, Julián G. Flaquer…y más, personas tremendamente estimulantes y próximas que nos ayudaron a despertar al mundo real, al teatro, a la música y la literatura; fueron esos años dorados de actividad cultural en Teruel.

   También fue la época de enfrentamiento con la autoridad del padre y la necesidad de vivir con mayor libertad y autonomía, así que…a estudiar a Zaragoza, casi escapando!

   En mi primer curso en la universidad, Facultad de Filosofía y Letras, contacté ya con el movimiento estudiantil (aún quedaba dictador por unos años) y los partidos políticos, así que…a organizarse!

   Pero entre la actividad sociopolítica, trabajos esporádicos para sacar unas perrillas y el descubrimiento de la ciudad y nuevas amistades…el estudio no acabó de centrar mi interés y dejé la carrera después de tres años. Fue un periodo de vida intenso y rico, en cualquier caso.

   En el 77 empecé a trabajar como Auxiliar de Enfermería en el Hospital Clínico. Posteriormente, y siempre trabajando, estudié Magisterio (aunque no ejercí) y más tarde Enfermería, profesión que sí he ejercido con gusto hasta mi jubilación. Toda mi vida laboral estuve sindicada y activa, defendiendo los servicios públicos.

   Coherentemente (aún reclamando el derecho a la contradicción) soy feminista, porque no podría ser de otra manera, y he peleado por el feminismo, la igualdad de derechos y la eliminación de roles castradores. Seguimos en ello.

   A lo largo de mi ya larga vida, la música y los libros me han acompañado y servido de alimento, aunque no sé tocar ningún instrumento ni escribir (lamentablemente)
EL VIAJE, así con mayúsculas, también ha significado para mí una experiencia vital importante, a veces sanadora además de gozosa, una vía de conocimiento y un buen modo de poner en cuestión lo que tenemos por cierto y de tirar por la borda los prejuicios.

Me gusta Grecia y la lengua griega (la estudio), las islas y el mar.

   Y aunque pertenezco a la asociación Derecho a Morir Dignamente y soy activa en ella (a veces incluso pesada), he de aclarar que me gusta vivir, mantengo curiosidad e ilusión, me gusta reirme y amar, charlar y jugar, nadar y caminar, me gusta y me da vida estar con mis amigas y amigos, que también me han conformado y son lo mejor de mi vida (y ahora ya mi única familia), y me siento privilegiada.

   ¿Por qué estoy en Las Crisálidas?

   Porque es el proyecto de vida presente y futura que deseo, un proyecto ilusionante, que yo había reflexionado e intentado ya hace unos años (en otra ciudad y con otras personas, también en distinta situación vital) y que sigo viendo como la mejor opción y elección: vida independiente pero acompañada y compartida con personas afines y amigas.

   En ese camino estamos!