Recuerdo que, de muy niña, vivíamos en la Calle de la Biblioteca, luego Dr. Gómez Ulla (ahora ya nada… bueno, si! se ha convertido en una explanada que da visibilidad a la Iglesia de Santiago el Mayor). Allí, desde el balcón, veíamos las bodas en primavera y la calle, estrecha, nos llevaba a la Plaza del Carbón, entonces lugar de juegos infantiles, de reunión de los vecinos y charlatanes (ahora —ya sé que sobre gustos no hay nada escrito— la horrenda plaza Salamero donde las estructuras metálicas han sustituido a los árboles… ¡ah, claro! que debajo hay un estacionamiento). Bueno, que me voy de tema, retorno: por entonces, en casa, en ciertas fechas se hablaba de la abuela Rojilla, yo creía que era su nombre, que siempre el 5 de Marzo cogía su fiambrera (aún no había “tápers”) y se iba a la arboleda de Macanaz, ¡a comer! 

Ya no volví a oír esa fiesta hasta pasado 1981 cuando unos amigos me invitaron a una caldereta, sobre fuego en el suelo, creo recordar! Entonces le puse historia a la abuela Rojilla         —desechando ya que ese fuera su nombre real— y su fiambrera en el margen izquierdo del río.

   Este 5 de Marzo propusimos, como en alguna otra ocasión, ponernos con una mesa Informativa y airear a nuestras Crisálidas y al proyecto de vida compartida que nos ha reunido. Como el día acompañó, por allí pasó media Zaragoza: peñas, familias, parejas, personas solas dando un paseo al sol… luego a media mañana apareció la comitiva de la Federación de Barrios con sus “galletas” reivindicativas, los cabezudos, la música… Luego ya el olorcillo de los chorizos en las brasas y las calderetas o paellas.

   Todo el día en un ambiente festivo y reivindicativo, sintiéndonos unas más en aquel barullo de asociaciones, grupos juveniles, cooperativas ecologistas… todos mostrando con orgullo su logro, esfuerzos aunados en un único objetivo: organizarnos en la búsqueda de una sociedad articulada en la que hacer realidad los distintos proyectos que bullen en nuestras cabezas y hacer realidad nuestros sueños colectivos.  
 

   Al año que viene vendremos con nuestras fiambreras, dijimos, que es una pena volverse a comer con aquel jolgorio. ¡Y a ver si nuestro sueño entonces ya ha dado dos o tres pasos más hacia adelante!

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