Ya el cuerpo nos estaba pidiendo volver a tonificar brazos y vista, ajustar puntería y… competir, claro. La llegada del buen tiempo animó una mañana de mucho movimiento, risas y juego, que acabó, como suele suceder, en el tradicional vermú dominguero.

No sé si ganaríamos un campeonato, pero pasarlo, lo pasamos bien.

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