Caminata por los barrios del sur

El domingo 6 de febrero caminamos por Montecanal, después de situarnos con los nuevos barrios del sur: Valdespartera, Montecanal, Rosales del Canal y Arco Sur. Estos barrios crecen a toda velocidad, como setas en otoño.

La mañana estuvo fresca pero soleada, buena para caminar. Comenzamos en la última parada del tranvía en Montecanal (Mago de Oz)

Nos dirigimos, hacia el Parque del Conocimiento donde hay un pino carrasco catalogado por el ayuntamiento como singular, debido a sus dimensiones, nos hicimos una foto del grupo con él, se lo merece.      

Pasamos por un mini lago artificial que recoge agua para riego para los jardines de la zona, donde nos encontramos además de patos y gansos una pareja de cisnes. Fue un regalo porque no siempre están, el año pasado fue la primera vez que vinieron.

Continuamos hacia el canal paseando por sus riberas, después de ver los huertos urbanos de esta zona, llegamos hasta el camping de Zaragoza, cruzamos a la otra orilla para regresar a los huertos y dirigirnos al Jena a tomar algo en su amplia terraza soleada.

Pasamos, como siempre, una mañana agradable en buena compañía y conocimos un poco más esta parte de la ciudad.

Cuando queráis repetimos.

Lucía Paúles

Vivencias

Me llamo Lucía Paúles Sanagustín y soy la mayor de cuatro hermanas, tres muy seguidas y otra 12 años menor. Soy de Sabiñánigo, pueblo industrial y con trabajo al que venían trabajadores de todas las provincias de España.

Mi infancia son recuerdos de unos inviernos fríos y largos, con grandes nevadas y calles heladas de noviembre a marzo, donde más que caminar tenías que patinar. Y unos veranos alegres, bañándonos en el Gállego, mientras nuestras madres lavaban y alguna vecina gritaba a su hijo intrépido “Antoñito ven acá, que como te afogues, te mato“. El Gállego era un río caudaloso con el deshielo, lleno de vida, con fuerza, hasta que hicieron el canal y lo mataron. Mi casa limita con el río y la montaña, quizá de ahí me viene mi amor por la naturaleza. Cuando el sol bajaba, mi calle se llenaba de críos —30, 40 o más— y de los vecinos mayores que a veces participaban de nuestros juegos y correrías. Después de cansados de correr venían las historias de las personas mayores hasta por lo menos las 12 de la noche para aprovechar la fresca. Mi calle era especial. Ahora está casi vacía de gente pero llena de coches, no es lo mismo.      

Mi formación, siempre en centros públicos. En la escuela había niños de todas las regiones y al principio a veces era difícil entenderles en sus dialectos, pero fue interesante comprobar que había otras formas de vivir y de hablar. La alegría de que el instituto por fin fuera también femenino, en mi caso única manera de poder hacer el bachillerato, que hacía muchos años que era masculino. Alegría también porque muy pronto me di cuenta de que estudiar era la única forma de salir de las fuerzas de toda la sociedad que empujaban a la mujer como único destino a ser ama de casa. ¡Con la cantidad de trabajos que podían elegir los hombres! En la Universidad Laboral de Cáceres, a media pensión, me diplomé en Empresariales, a casi 1000 km de mi casa y donde la comunicación más rápida entre ir y volver una carta era como mínimo de 14 días, (igualico que ahora con los móviles…). La licenciatura la hice en la Universidad de Zaragoza. Siempre con becas y, para completar ingresos, trabajando en verano, además de compartir pisos e incluso habitación, en todos estos años con 25 o 30 compañeras. Así que creo que tengo también un master en compartir y convivencia. No he sido empollona pero si muy curiosa, por lo que todas las asignaturas me parecían interesantes, y mi favorita la educación física para poder jugar y correr.

Más adelante, ya trabajando me hice censor jurado de cuentas, mundo copado por los caballeros, todos trajeados en oscuro y encorbatados. Esa era mi manifestación diaria, simplemente mi presencia, haciendo un pequeño hueco donde las mujeres pudieran colarse. Es verdad que después de 40 años hay muchas mujeres, pero también que casi siempre vienen de la mano de sus padres o compañeros.      

Mi vida laboral: durante 40 años he sido asesora de pequeños empresarios en contabilidad y fiscal, en teoría, pero en realidad de cualquier tema empresarial que quisieran preguntarte. Los cinco primeros años por cuenta ajena, en conjunto los más felices. Los 35 siguientes, como autónoma, ganas de complicarse uno la vida.

En lo profesional puedo decir que he cerrado el círculo y comprobado que es mucho más fácil reivindicar que te den un trabajo digno que ser capaz de proporcionártelo a ti misma y proporcionarlo a tus empleados. En los picos de trabajo, quien tiene que cargar con las horas extras es uno mismo, ya que el horario del trabajador hay que respetarlo. Contenta con lo realizado pero muy duro nadar a contracorriente, te agotas. En lo personal no he cerrado el círculo: soy hija pero no tengo hijos, no me ha dado tiempo de tenerlos y mucho menos me hubiera dado de criarlos.        

Mis aficiones o, como dice la canción, ¿a qué he dedicado mi tiempo libre? Siento que he tenido poco tiempo libre. Me hubiera gustado tener más. Me gusta leer, me siento amiga de los libros. A veces es bueno tener poco dinero y con 25 pesetas al año ser socia de la biblioteca de tu pueblo y sentirte, en tu ignorancia, astrónoma solo porque ya has leído todos los libros sobre el tema de la biblioteca, en realidad solo tres: la luna, el sol, y la vía láctea, no había más. A veces me gustaría poder leer todos los libros del mundo, aunque sé que es imposible. Me gusta estar en contacto con la naturaleza, senderismo, playa, montaña. Conversar, filosofar con los amigos o cualquier persona que te encuentres por el camino, que la vida te sorprenda, me he encontrado gente muy interesante. Viajar, sobre todo si es por tu cuenta, para poder conocer gentes diferentes. Si viajas con agencia, al final todos son españoles. He practicado yoga durante muchos años, me gusta. Y también,cuando he podido, he intentado aprender cualquier tipo de bailes: danzas, tango, latinos, sevillanas…      

Confesiones: sufro frecuente jaquecas —por si algún día estoy algo rara—, soy algo sorda —por si no me entero de algo o grito demasiado al hablar, pensando inconscientemente que a los demás también les falla el oído—, y bastante despistada, ¿quizá vagando por los mundos siderales?        

Mi última etapa, ilusionada con nuestro proyecto, ¿quizá otra vez ganas de complicarme la vida abriendo nuevos caminos? Espero, con la ayuda de todas las crisálidas conseguir nuestros sueños sin demasiado esfuerzo y poder disfrutar de nuestros años en común contentos con lo conseguido.