María Pilar Clemente

    Nací en Zaragoza en 1959, soy una tímida reciclada y maestra prejubilada. Tuve la suerte de ser la hija mayor en una familia numerosa, pasé mi infancia en Monzón (Huesca), a la sombra de su imponente castillo templario. Allí aprendí a nadar en los remansos que formábamos en el cauce del río Sosa y estudié primaria y bachillerato elemental. Hice bachillerato superior interna en la Universidad Laboral de Zaragoza. Elegí magisterio totalmente convencida de que no podía estudiar medicina porque me desmayaba al ver sangre.
     A lo largo de mi vida laboral he estado en puestos tan diversos como interesantes y siempre participando en proyectos poco habituales: Escuela Hogar, invernadero, reformas educativas, Centro de Adultos, ludoteca, Programas de Garantía Social, de convivencia, de Alumnos Ayudantes… Soy defensora del trabajo en equipo con todas las dificultades y satisfacciones que eso conlleva. 
    No soy valiente sino osada, me aburre la monotonía, los retos me estimulan, la palabra imposible nunca estuvo en mi diccionario, si creo que algo se puede realizar no me rindo hasta haber explorado todos los caminos que se me ocurren y suelen ser muchos. Tengo pasiones antiguas: leer, andar, nadar a mariposa, el tango argentino, el Shiatsu, la Medicina Tradicional China, hablar, escuchar y aprender, siempre aprender. Otras incorporadas hace poco: escribir, ir en bici (aunque esta está en desarrollo como algunas páginas de internet). Me agradan todas las plantas, fui vegetariana un buen tiempo. Soy miope pero me muevo bien en las distancias cortas. 
     Me gusta tomarme las cosas con humor y como tengo una memoria versión 2.0 suelo llevar una portátil siempre a mano. En mis amigos valoro la honestidad y el respeto, no soporto la mentira ni la manipulación. Mi proyecto estrella, en estos momentos, es impulsar las viviendas colaborativas en Zaragoza, creo que es la mejor fórmula de envejecimiento activo y quiero vivir con las personas que lo hacen posible.

Carta de amor de una crisálida

La soledad enseña a vivir más que la compañía.
El problema es que las enseñanzas de la soledad sirven únicamente para la convivencia.

Luis García Montero. La casa del jacobino.

Como cada día, esta mañana disfrutaba del deseo que esta aventura genera en mí y de lo afortunada que soy al participar de lleno en ella.

Recuerdo el momento en que dábamos nuestros primeros pasos, todavía titubeantes, en mayo de 2019, tímidos y precavidos intentos porque aún no nos conocíamos, apenas habíamos acercado nuestros cuerpos, nuestras manos no habían aprendido a apoyarse y darse calor; tan mayores y tan vírgenes. Habíamos sido presentados por terceros, por amigos bienintencionados que pensaban que podríamos llegar a una relación seria. Al principio nuestros esporádicos encuentros fueron desvaneciendo algunas dudas y afirmando muchas más.

Nuestro amor no pretendía ser exclusivo ni asfixiante, queríamos una relación amable, abierta y buscábamos la participación de los otros, en ocasiones auténticos desconocidos. En tan solo unos días pasamos del ménage à trois a la veintena, de la emoción al vértigo: ¿les gustaré a todos?, ¿me gustarán lo suficiente para seguir juntos?, ¿no seremos muy mayores para este idilio?, ¿qué pensarán nuestros hijos?, ¿seremos capaces de vivir juntos?…

Antes de que apretara el calor de julio, me propusiste, no sin cierto rubor, un desayuno cerca de la basílica del Pilar para que la Virgen bendijese nuestra alianza. En diciembre me llevaste a comer a un club exclusivo, había tan poca gente ajena a lo nuestro que me sentí única, especial. Más tarde, cuando llegó el frío, tomamos un chocolate de media tarde en un bar de barrio, a plena luz del día, y me presentaste a tus amigos. Con el nuevo año te atreviste a plantear una excursión por la orilla del río, caminamos rozándonos apenas, haciéndonos confidencias, riendo las ocurrencias que venían a nuestra boca para agradarnos mutuamente.

Casi sin darnos cuenta fuimos integrando en nuestro amoroso pacto nuevos participantes, amigos de nuestros amigos. Incluso hicimos un llamamiento público a través de las ondas para que los interesados acudieran a nuestro encuentro. Era tanta nuestra pasión que establecimos pequeños grupos para ahondar en nuestro interior y compartir lo mejor de nosotros mismos. Conversaciones, debates, discusiones, alejamientos y reencuentros se han sucedido en este poco tiempo que llevamos juntos.

Nuestra relación progresa gracias al esfuerzo de todos y al impulso de algunos que nos llevan a nuevas etapas de compromiso, solo soñadas en la intimidad de nuestra alcoba. Ahora ya no sabría existir sin la emoción de encontrarte, de verte a mi lado, de procurarte los cuidados necesarios para tu bienestar porque sé que tú harás lo mismo por mí. 

El auténtico final feliz sería vivir y envejecer juntos, mirándonos a los ojos, activos, pendientes los unos de los otros, siempre ilusionados. Eso significaría que habríamos sido capaces de superar todos los obstáculos económicos, los problemas de búsqueda de solar, los roces de la  convivencia diaria y que, definitivamente, se habría cumplido el clásico colofón: Juntos hasta que la muerte nos separe.

Una crisálida enamorada

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Carta a Sus Majestades los Reyes Magos de Oriente

Lectura de la carta por su autora
Entrevista en la cadena SER

Queridos Reyes Magos:

Somos un grupo de personas mayores que decidimos unirnos a lo largo del año 2019 para crear una alternativa a nuestra vejez. No éramos amigos pero estábamos dispuestos a conocernos y querernos para acabar viviendo juntos. Al principio solo compartíamos un sueño que parecía imposible de realizar pero, poco a poco, hemos ido despertando, nos hemos desperezado y hemos empezado a caminar.

Desde julio de 2019 hasta ahora hemos creado una asociación, hemos hecho difusión del proyecto por varios medios, hemos andado por Zaragoza y sus alrededores, hemos investigado solares, terrenos e inmuebles donde ubicarnos. Hemos comido juntos, hemos buscado más lo que nos une que lo que nos separa y hemos convivido con el Covid como grupo de riesgo. Nos hemos cuidado todo lo que nos han recomendado y seguimos ilusionados con el proyecto, más si cabe que al principio. Nos sabemos “punta de lanza” en Aragón y no por ello vamos a dejar de trabajar para conseguir nuestro ideal.

Nos gusta Zaragoza con su clima y su gente, tenemos aquí a nuestras familias y amigos y queremos seguir en nuestro entorno porque sabemos que aún tenemos mucho que aportar. No queremos ser apartados de la vida por estar jubilados, no queremos ser aparcados en ningún lugar como si fuéramos trastos inútiles. Reivindicamos nuestra valía y nuestro valor, nuestra enriquecedora diversidad, nuestro respeto a la vida en general y a las personas en particular. Deseamos vivir una vejez activa y colaborativa y sabemos que eso nos lleva a nuevos aprendizajes y a nuevas fórmulas integradoras; en una palabra, nos proponemos crear una vejez estimulante.

Somos muy mayores para hacer una carta infantil, nosotros no queremos juguetes. Nuestros deseos son más pragmáticos, necesitamos un solar donde poder edificar nuestras viviendas, queremos unas leyes que incluyan nuestro proyecto y otros similares que den respuesta a la realidad de las personas mayores y que incluyan los apoyos institucionales para el desarrollo de los mismos. Nos gustaría que los ayuntamientos impulsaran los cambios urbanísticos, que facilitaran la realización de alternativas ciudadanas a los cuidados en edades avanzadas, queremos participar  en la vida cultural y social de nuestro vecindario y para ello necesitamos estar integrados dentro del municipio.

Para este año que comienza os pedimos que nos proporcionéis momentos en los que juntarnos físicamente para poder estrecharnos. Sí, queremos poder abrazarnos y no solo vernos virtualmente, nos gustaría poder visitar otros proyectos colaborativos que ya están en marcha, querríamos poder sonreírnos sin máscaras que nos acrecienten el miedo, nos encantaría poder empezar a ser grupo de allegados. Nos gustaría que nuestros políticos respaldaran los proyectos colaborativos e impulsaran su realización y por último nos gustaría poner la primera piedra de nuestro futuro hogar.

Esperamos que vuestro viaje sea cómodo y que a lo largo del año que empieza vayáis dejándonos nuestros regalos para poder disfrutar de la ilusión que aún nos embarga.

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