María Carmen Plou

Soy de Teruel

Nací en 1955, en Blesa, un pequeño pueblo de los confines de Teruel, donde de niña bailaba encima de los zapatos de mi padre, que tenía un rio, una escuela con niñas con quienes jugar a la comba y una maestra amable que me impulsó a sentir que de mayor sería maestra. Pero las niñas emigraron, el río fue trasvasado a través de un canal, yo continué el estudio por libre del Bachillerato y no fui maestra.      

Así pues, no acerté a imaginar cómo sería mi vida, que ha ido sucediéndose y adaptándose a las circunstancias que llegaban, esas a las que doy un sí silencioso, a veces apenas perceptible, y que van marcando mi disponibilidad y mi pertenencia.      

El modelo de una amiga me inspiró para trabajar en una oficina y después, también emulándola pasé a trabajar en la Universidad por casi 43 años, donde de inmediato conocí la existencia de viajes maravillosos, de psicólogas, la importancia del cuidado personal… y se abrió una etapa de enriquecimiento y constante superación en un gran colectivo humano.    

 Por otra parte, mi entorno familiar se amplió con mi pareja (José Antonio, que murió joven) y mis hijas Esther y Beatriz, y hoy con mis nietos Martín, Úrsula y Ernesto, y siempre he estado cercana a la vida de mis padres y hermanos. Y ampliando el círculo de relaciones, formo parte de una extensa familia política, de los vecinos de mi barrio donde todos nos conocemos y un poco más tarde del grupo de amistad de la Tertulia Albada y de las danzas.      

Decir “la tertulia” es referenciar otro capítulo importante de mi vida donde me sentí pertenecer desde el momento cero. Mis aficiones cobraron fuerza en esta etapa, a veces estimulada por el grupo, otras sintiendo que yo formaba parte de su engranaje de funcionamiento. Y siempre con el modelo de conjuntar en el abanico de actuar la familia y la amistad.

Mis placeres son sencillos: ir en bici es casi el primero, pues si soy capaz de subirme al sillín, otro mundo se abre ante mi, existiendo solo el momento presente, y me ha llevado desde disfrute de ir y volver al trabajo, hasta el de recorrer algunas de las vías ciclables importantes de Europa. En este placer se unen ejercicio, aire libre, amigos, familia y viajes ¿qué más se puede pedir? Y las danzas del mundo, en pugna

por el liderazgo con la bici, han sido otra de mis grandes pasiones, conjuntándose en las mismas también los amigos, mis hijas, el aire libre, la música, el movimiento y los viajes (me repito, pero así es).

Y entre los mejores regalos que he recibido están los aprendizajes que las personas y los libros me brindan y que absorbo selectivamente, y por supuesto, saberme querida, sentirme querida, quererme a raticos. Y el compartir un baile, una danza de la mano, un paseo, una tarea, un viaje, una comida, una llamada telefónica o un ir al cine. Y por todo ello, en uno de mis perfiles está la imagen de un diamante como recuerdo y gratitud por los destellos que me han sido brindados y que me constituyen, aunque no los recuerde exhaustivamente.

¿Y Las Crisálidas? Sois un grupo que siento abierto y disponible y con el que aún han de crecer las relaciones personales y hacerse realidad los nuevos proyectos que nos unan. No sé si me cuesta soltar amarras o lo que me cuesta es anclar nuevas ilusiones, pero estoy disponible, aunque tenga una vida ocupada todavía.      

Estoy contenta con lo vivido hasta aquí y creo que no tengo prisa ni miedo a morir y tampoco deseo vivir más allá de una vida relativamente sana, aunque la llegada a la vejez, esa a la que poco a poco me voy acercando y que mi nieto percibe (“Yaya eres muy, muy vieja”) me da un poco de vértigo, e intuyo que estando cerca de iguales será más gratificante. El factor suerte y la cercanía de los demás ha estado de mi parte muchas veces, como siento que seguirá siendo a través de Las Crisálidas. Gracias por estar ahí. Seguiremos conociéndonos y compartiendo.