Día mundial de la poesía 

Un año más, La Casa de Zitas celebró el día Mundial de la Poesía, 21 de marzo, con la pintada de cristales en los escaparates del Gancho de Zaragoza, con la colaboración de los comercios, llenándolos de poemas. Como ya empieza a ser costumbre, pues el año pasado salimos dos veces, se ha contado con Las Crisálidas para ello, junto a las socias y socios de La Casa de Zitas.

Con rotuladores en mano recorrimos las calles del barrio los días 17, 18 y 19, y en ninguno de los 3 días faltó una Crisálida, ni siquiera el frío del jueves 17 nos hizo desfallecer.      

Sería bueno que en las próximas convocatorias se animase también algún que otro Crisálido y se integrarse en el grupo, pues la experiencia es maravillosa, además de divertida.      

Sacar la poesía a la calle, o el arte en general es un acto hermoso que anima a la gente a conocerlo, pero además el objetivo es dar visibilidad al comercio de proximidad.

Nos fuimos a buscar estrellas y no salimos estrelladas

  Tenía palabras guardadas para empezar a escribir, palabras que no se fugan de mi memoria, como se fugaron las estrellas, sobre todo las que no pudimos ver.

    Llegamos a Torrecilla de Valmadrid. Había pocos coches, en la plaza donde habíamos quedado sólo estaba el de Javier. Nada más aparcar llegaron las del tercer vehículo y ya estábamos todas.

    Once personajes fantásticos para organizar un campamento poético bajo las estrellas, y digo poético porque no hay mejor poesía que compartir viandas y no hay poema más perfecto que una buena tortilla de patata. ¡Ay, esa tortilla!, nos hizo sucumbir a todas y postrarnos ante semejante manjar aportado por las hermanas Antolín. Estábamos tan inmersas en devorar esa exquisitez que no se nos ocurrió documentar el acto. A la tortilla le acompañaba una ensalada de verano de Lola y un poco de jamón, longaniza de pavo y otras fruslerías que quedaron relegadas a un segundo plano hasta que Concha nos sacó sus empanadillas de cabello de ángel, y caímos en la tentación del dulce. No faltaron bebidas, aunque no espirituosas, para acompañar el recital.

    Por un momento pensé si las perseidas (percebeiras, según la madre de Pilar, que estuvo presente en su memoria) sólo eran una excusa para cenar en armonía.Llegó la hora de tumbarnos en hamacas y esterillas bajo el influjo de una noche serena y con las estrellas difuminadas por la calima, pero el trasiego de linternas alumbrando el camino de gente que venía con neveras y hamacas incomodaba bastante. Aquello parecía Benidorm en agosto prepandémico.

    Estrellas vimos pocas, dicen que cuatro grandes y algunas pequeñitas, yo personalmente vi tres y las pequeñas ni las sentí. Hubo quienes pudieron pedir sus deseos, confieso que no me daba tiempo.

    Pero bueno, al fin y al cabo, los deseos los pedimos cada día, sobre todo el que se realicen nuestros sueños comunitarios, porque como decía la película de Trueba “vivir es fácil con los ojos cerrados”, vivir y soñar van de la mano, porque la vida sin sueños sería insoportable. Después del primer deseo, ya se sabe, pedimos por la salud, nuestros hijos y otras cosas que no voy a enumerar porque puede ser que ahí las coincidencias se alejen. 

   Vimos titilar estrellas y casi titilamos nosotras, alguien hasta se imaginó un Ovni y extraterrestres que nos vienen a buscar para llevarnos en su nave a lugares lejanos y extraños, alguna, dispuesta a irse, sobre todo para hacer tiempo a que nuestro sueño común se realice. Y es que de tanto mirar a las estrellas daba la impresión que todas se movían.

    Se levantó un aire fresco que agradecimos después de los 42 grados que habíamos sufrido en esta Zaragoza, a veces infernal.

    Poco más de las 12 de la noche y ya era el día siguiente. Levantamos el campamento con sensación de felicidad compartida.

    Perseidas pocas, poesía mucha, sobre todo ese soneto alejandrino perfecto de una gran tortilla de patata riquísima, que hicieron para 12 personas.

    Y de todas las palabras que tenía apuntadas, me queda la palabra bóveda, que no recuerdo cuando la incorporé al diccionario mental y no sé dónde encajarla. 

   Me queda decir que esta experiencia, la podíamos repetir sin necesidad de mirar al cielo.

Poesía en los cristales

El pasado 21 de marzo se celebró el día Mundial de la Poesía. Para ello, la Asociación Cultural La Casa de Zitas, a la que pertenezco desde su fundación, tomó la iniciativa de escribir poemas en los escaparates del Gancho. 

En realidad, fue un sueño que tuve, ya que esto lo había descubierto en Vitoria. En el sueño era todo el centro de Zaragoza el que se transformaba en poema, y ese sueño lo propuse en una asamblea de socios, votándose a favor por unanimidad, pero acotando la acción al nuevo barrio que nos iba a acoger después de que tuvimos que dejar el año pasado nuestra sede de Santa Isabel, nº 5.

Por medio de uno de los socios de la Asociación, la primera semana de febrero, se puso en contacto con el librero del barrio el Gancho, (Librería Aries) que a su vez es el Secretario de la Asociación de Comerciantes, y éste mandó el proyecto a sus asociados para que pudieran adherirse al mismo.

Como quiera que el día 21 de marzo era domingo, y se trataba de que ese día lucieran los escaparates los versos, dedicamos 3 días a recorrer el barrio escribiendo poemas de todos los estilos, incluso nuestros. 

Como socia de La Casa de Zitas y del cohousing Las Crisálidas, invité a colaborar al grupo, sumándose al pintado de versos algunas de nuestras compañeras.

Este evento ha sido de lo más hermoso que hemos realizado como poesía en la calle. Salimos a pintar escaparates los días 18 y 19 de marzo por la tarde y el día 20 por la mañana. Desde el primer momento y a pesar del intenso frío de esos días, hubo una conexión entre todos y todas, aunque fueron distintos los grupos, buen compañerismo y muchas risas.  El buen rollo también venía por parte de los comerciantes, que incluso, algunos de los que en principio no se habían apuntado, se fueron sumando a la causa conforme veían el resultado en  los demás.  

El trabajo en equipo y las ganas hicieron el resto. Decir que fueron días muy especiales, después de tanto tiempo inactivos en estos momentos de pandemia.  Demostrando una vez más, que en la calle se pueden hacer muchísimas cosas culturales, además, la acogida por parte de los ciudadanos es espectacular. 

También quisimos dar vida al barrio y al pequeño comercio. 

Sé, porque así me lo han pedido, aunque no puedo decir nada más por ahora, que esta iniciativa no se quedará en el Gancho, ni morirá en este año, pero de momento hemos sembrado el Gancho de versos.

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