Juntos paso a paso

Hoy hemos sido entrevistados en el programa «Juntos paso a paso», de Radio Nacional de España, dirigido por Juan Fernández Vegue. Con nosotros ha estado Miguel Ángel Mira, de Cohabita Rivas, un proyecto de vivienda colaborativa que comparte características con el nuestro pero con la ventaja de que está respaldado por el Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid, el cual cederá suelo dotacional mediante concurso público. Podéis conocer su proyecto aquí y en la página https://emvrivas.com/cohabita-rivas/.

Esperamos con interés la publicación del pliego de condiciones de Rivas Vaciamadrid, el cual puede sentar un precedente importante para dar impulso al modelo de vivienda colaborativa sobre suelo público dotacional.

Aquí se puede escuchar la entrevista:

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Con la Vicealcaldesa de Zaragoza

Hoy hemos tenido entrevista con Sara Fernández, Vicealcaldesa de Zaragoza, acompañada de su asesor. Hemos presentado nuestro proyecto y expuesto nuestras dificultades para conseguir suelo en Zaragoza y sus barrios rurales. Van a estudiar las distintas opciones, conjuntamente con la Consejería de Urbanismo del Ayuntamiento.

Estamos seguros de que esta visita constituye el inicio de una provechosa colaboración y les quedamos muy agradecidos por su interés y amabilidad.

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¿Qué nos constituye como comunidad?

Podríamos responder, a bote pronto, que nos une el deseo de tener una etapa de envejecimiento activo, rodeados de buenos vecinos y probables amigos, compatibilizando nuestro apartamento privado con espacios y actividades comunitarias y teniendo prevista la atención necesaria en caso de sobrevenirnos algún tipo de dependencia, física o cognitiva.
    Hasta aquí, probablemente todos estemos de acuerdo. Para unos esto se concretaría mejor en una especie de apartotel de nueve plantas con todos los servicios de hostelería, mientras que otros incidirán más en el aspecto asistencial y preferirían que tuviéramos los servicios de una residencia geriátrica concertada. También hay muchos, quizás una mayoría, partidarios de una comunidad que, sin excluir el aspecto asistencial, esté más centrada en un presente activo, con poco personal contratado y donde prevalezca el cariño y el apoyo mutuo.
    Para unos seríamos como una comunidad de vecinos al uso: nos iremos conociendo y «haremos migas» con algunos y tendremos una relación cordial con otros. Y si, como es estadísticamente probable, existiera el clásico vecino incordio, lo soportaríamos con paciencia benedictina. Para otros, entre los que me incluyo, la nuestra debería ser lo que se llama una «comunidad intencional», es decir, un grupo de personas que comparten el deseo de vivir juntos porque les une una visión del mundo y unos valores compartidos.
    Cuidado. Hablo de visión y de valores, no de ideología en el sentido fuerte de la palabra. No se trata de pedir un carné de partido, ni de preguntar a quién se vota. Se trata de saber si compartimos una forma de ser y de estar en el mundo. Es más un talante, una disposición y una voluntad, que una ideología o doctrina política. Es considerar si nos unen valores como la igualdad, la solidaridad, la protección de la naturaleza, el feminismo o la compasión activa frente a quienes llegan a nuestras fronteras buscando una vida digna. O si, por el contrario, creemos que la desigualdad es consustancial a la sociedad, que la pobreza es cosa de perdedores que no se han esforzado lo suficiente o que hay un dios que rige nuestro destino inamovible.
    En la definición arquitectónica de nuestro proyecto parece clara la distinción entre espacios privados y compartidos. Traducido a la convivencia, el reto es combinar una amplia libertad individual con el cumplimiento de las normas que se dé la comunidad para conseguir sus objetivos de cuidado mutuo.
    Son estos temas a debatir con calma y sosiego, para lo que sería deseable celebrar varios encuentros presenciales no decisorios en los que cada uno, poco a poco, vaya percibiendo si se identifica con el sentir mayoritario o si se manifiestan tendencias incompatibles que pueden dar lugar a distintos proyectos. Somos un grupo pequeño y no son deseables las escisiones, lo ideal es que sigamos unidos en torno a un solo proyecto. Pero también es cierto que no se puede mezclar el agua y el aceite.
    Definir de antemano los valores de nuestra comunidad no nos evitará los conflictos, pero una base sólida de empatía y afinidad nos permitirá resolverlos con más facilidad.

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Carpe Diem

(…) La vida en la tierra sale bastante barata.
Por los sueños, por ejemplo, no se paga ni un céntimo.
Por las ilusiones, sólo cuando se pierden. (…)

Wislava Szymborska

Nos preocupan, y es lógico que así sea, los cuidados y el deterioro físico que ineluctablemente llegará. Es necesario, sin ninguna duda, reflexionar sobre ello y hacer previsiones individuales y colectivas. También cuando pensamos en el lugar en el que vamos a convivir, en nuestras viviendas colaborativas tenemos que tener muy en cuenta los servicios, especialmente los servicios sanitarios.

     Todas estas previsiones, no obstante, no pueden ocultar ni enmascarar que lo que queremos sobre todo es vivir. La vida vale la pena. No estamos dispuestos a dejarnos invadir por la negatividad que siempre impregna todo lo concerniente a la vejez. Tenemos que mentalizarnos positivamente y priorizar ante todo la vida, es nuestro gran activo, es el motivo que debe mover esta aventura colectiva. Una vida que debe ser activa e incluso activista, me atrevería a decir. No debemos dejarnos llevar por la negatividad, por la no vida, resistir con uñas y dientes. Nuestro gran objetivo es vivir plenamente en este trayecto que tenemos por delante. Si nos gusta la naturaleza, disfrutar del paisaje, de los ríos y bosques, si nos gusta dar paseos bien conversados ​​al aire libre por qué no hacerlo, por qué no priorizar la vida en todas y cada una de nuestras elecciones. Los achaques y las posibles enfermedades es seguro que llegarán pero no podemos y no debemos organizarnos sólo pensando en ellas. No queremos instalar nuestras viviendas colaborativas en un ala de un hospital para estar más seguros. Habrá que saber convivir con los achaques de la edad, pero nunca someternos a ellos y negarnos a disfrutar de lo que nos quede, hay que apurar hasta la última gota del buen vino que nos ofrezca la vida. 

    Queremos vivir en un entorno amable, rodeados de amigos, apoyándonos los unos a los otros cuando lo necesitemos y queremos sobre todo vivir como activistas en la defensa de esas vidas plenas y de las causas justas que en nuestro entorno geográfico y social reclamen nuestra implicación. Sólo lo que ya estamos haciendo ahora, construyendo esa realidad alternativa para nuestra alternativa vejez es un activismo continuo contra las limitaciones que intentan asfixiarnos. No van a poder con nosotros ni las estrecheces de miras de los legisladores, ni la falta de apoyo de las instituciones. Sabremos encontrar nuestro camino para hacer realidad nuestros deseos. Gracias a los utópicos se ha conseguido siempre lo imposible. Encontraremos, seguro, un sitio que cuente con esas condiciones de salubridad natural, de buen clima, de grandes espacios limpios.

     Así pues, escanciemos un buen vino en nuestras copas; sabemos que es breve la vida, mientras ahora leemos esto el tiempo pasa. ¡Disfrutemos del momento! Quién sabe lo que pasará mañana.

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Huerto urbano

Hace años que empecé esta actividad en mi terraza después de hacer un pequeño curso en el centro Joaquín Roncal y tener que dejar de cultivar en mi huerta de Tarazona por no poder atenderla bien.

Os cuento: Primero compré una mesa de cultivo y algunas macetas, ahora tengo tres mesas, macetones y recipientes más grandes que las macetas (hasta la bañera que me quité de casa), ya he llegado al tope de lo que razonablemente puedo poner.
Paso muchos ratos haciendo las labores que tocan, es muy agradecida y aunque para nada puedo ser autosuficiente en vegetales, la ilusión de comerte lo que cultivas merece la pena.

Hace unos años que incorporé una compostera a donde van a parar todos los desperdicios verdes y en primavera, cuando se renuevan los cultivos, reparto el compost por mis recipientes. Hoy me ha tocado preparar el pudin de ortigas con el que en dos días rociaré las plantas para que no me afecte ninguna plaga y después, días más tarde, emplearé también como nutriente.

En este momento hay plantadas lechugas, escarolas (hoy he cogido una de cada), cebollas, puerros, borrajas, acelgas, coles; y he probado con un cardo que ha sido un fracaso.

Aún duran las fresas que, de vez en cuando, hasta en invierno sale alguna, ¡el tiempo loco!

¡Ah! y las habas muy importantes para la rotación de otros cultivos que ponga en primavera ya que fija el nitrógeno de la tierra ¡Y están muy ricas, las pequeñas, con ajico y jamón!

A veces ¡No sale como espero! Pero merece la pena.

Si cultiváis también en terrazas, u os animáis a hacerlo, (hay mesas muy apañadas que caben en un pequeño lugar), podemos contactar, hablar de nuestras experiencias, cambiar semillas…

Puede ser un comienzo de la huerta de Las Crisálidas. 

angelarodri90@telefonica.net

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Alfredo Pérez

El mejor administrativo del mundo

Tengo un amigo que ganó un premio al mejor soldador. Ignoro si existe un concurso de administrativos pero estoy seguro de que, si lo hubiera, yo ganaría el premio nacional y me situaría entre los favoritos del internacional. Y esto no es presunción ni vanidad: es la constatación de mi fracaso.

Porque ¿qué niño, cuando le preguntan qué quiere ser de mayor, responde que quiere ser oficinista? Yo no, desde luego. Primero quise ser inventor, cuando un esquema del motor eléctrico me hacía concebir helicópteros y una caña me servía para atrapar moscas. Pero un maestro nacional y falangista ofreció a mis padres la posibilidad de enseñarme contabilidad o, como entonces también se llamaba, «teneduría de libros». Cara al sol y ante montañas nevadas aprendí los misterios del debe y el haber, de los libros diario y mayor pero, sobre todo, aprendí a escribir con letra redondilla.

Y fue este maestro el que dio a mis padres el consejo definitivo: «este chico es muy listo, que no estudie».

Así quedó marcado mi destino. Mi ingenio para inventar chorradas y mi memoria para recordar los ríos de España me habían etiquetado como «muy listo» y eso me abría las puertas a ser director de sucursal de la Caja de Ahorros sin pasar por la universidad ni zarandajas por el estilo.

A los catorce años fui trasplantado a Zaragoza y empecé mi fulgurante carrera como mandan los cánones de la superación personal: desde abajo, como chico de los recados.

Con uno de mis nuevos amigos de la ciudad, en una tarde de borrachera, nos confesamos nuestra timidez y tomamos una decisión heroica: presentarnos a la recién creada Escuela Municipal de Arte Dramático para ser… actores.

Así empezó mi disonancia cognitiva: el que despuntaba cualidades para ser el mejor administrativo del mundo quería ser… actor. Pero el pánico escénico me fue disuadiendo tras lo que me parecieron amenazas de infarto. Derivé mis anhelos hacia la creación literaria y tuve el honor de pertenecer a algunos grupillos de letraheridos, siempre en calidad de autor sin obra.

Mientras acariciaba la bohemia, compatibilizaba mi promoción empresarial con reivindicaciones sindicales, lo que constituía otra más de mis disonancias cognitivas. Fueron épocas de neuras de las que me salvó conocer a María, marcharnos a Amsterdam y Londres, correr delante de los grises —ese tópico inevitable de la época—, coquetear con gurús y hacer variadas tonterías más. Hasta que decidimos tener un hijo: Alejandro, nuestra mejor obra.

Su nacimiento coincidió con mi despido. Una venta empresarial nos hizo prescindibles a todos los administrativos. Experimenté aquello como una oportunidad. Aunque me impliqué en la crianza de nuestro hijo más de lo habitual en los padres de la época, tuve tiempo para dirigir un cortometraje tan mal grabado que tuvieron que pasar veinte años para que la tecnología permitiese hacer una edición chapucera.

Busqué otra salida. Era mi oportunidad de pisar la universidad, ese templo de sabiduría y activismo que había añorado en mi juventud. Sabiduría encontré poca y las conversaciones no giraban ya en torno a Trotski, sino a la temporada del Real Zaragoza.

Con mi diploma recién obtenido, oposité a algunas plazas de trabajador social, cosechando algunos más de mis apreciados fracasos. Así, agotadas las últimas prestaciones, firmé mi rendición y busqué trabajo… de administrativo.

Oposité a auxiliar de la Universidad de Zaragoza y aprobé —¿alguien lo dudaba?— con el número uno. Allí me esforcé en hacer de mi trabajo algo creativo y eficaz, no en vano había empezado mi carrera profesional en una gestoría bregando con los funcionarios y no quería ser uno de aquellos lentos hipopótamos.

Cuando tuve la oportunidad de jubilarme pensé que aquel era el momento de realizar algunos de mis sueños. Me volqué en el estudio de los temas que me interesan y en la creación literaria y en ello sigo, a veces hasta traicionando mi trayectoria con pequeños éxitos.

Pero mientras tanto hay que pensar en el otoño —otro tópico inevitable— y procurar que sea dorado y luminoso, bien regado de conversaciones y abrazos con las bellas gentes que voy conociendo en Las Crisálidas.

A vosotras dedico las artes del mejor administrativo del mundo.

Todavía es pronto … (carta a una amiga)

He pensado mucho en tu respuesta de aquel día en que te conté que, por fin, había iniciado el camino de mi sueño con una gente que se hacen llamar Las Crisálidas.
    Como tú y yo somos de generaciones distintas; tú bastante más joven, me respondiste que todo eso estaba muy bien, pero… “todavía es pronto para mí”.
    Le doy muchas vueltas a tus palabras y cada vez veo más claro que en ese sueño cabe toda la gente: la que viene a título individual, la que llega caminando junto a otra u otras personas. También si vienen con hijos, pequeños o mayores. Siento que la diversidad, bien armonizada y aglutinada, es un potencial digno de explorar. Es antesala de riqueza, progreso y permanencia.

  Si cierro los ojos, me encanta ver a la chiquillería jugando en la pradera, a la orilla del río, no muy lejos de mi casa. Allí están sus padres, y también corren algunas de sus mascotas.

Al poco rato salgo a pasear y me acerco para ayudarles a coger la pelota que ha caído al agua o quedó “encalada” (*) en un árbol. Me gusta imaginar que les hablo de cuando en mi infancia jugábamos a los bolos o a las canicas y de cómo eran esas interminables y emocionantes partidas. Luego aprovecho para comentar con sus padres la propuesta que van a presentar en la próxima asamblea comunitaria… Esos agradables momentos compartidos al aire libre dan paso a otro de reconocimiento cuando me acerco a la biblioteca para continuar con el libro que llevo a mitad. Por la tarde tenemos reunión, en nuestras instalaciones, con la asociación de vecinos del barrio. Me siento activo y útil.

Ya ves, amiga mía, en mi visión toda persona, animal o elemento del entorno natural y social tienen su lugar y, como en la línea de la vida, cada generación también ocupa el suyo.

Todos compartiremos el presente que construyamos juntos y, en su momento, cuando algunos caminemos por el tramo final, ahí estaréis tú y tu gente, haciendo posible la continuidad de este espacio físico y emocional. Y así se podrá repetir con quienes a ti te sucedan…
   En el transcurrir de este sueño compartimos lo que queremos y sabemos. Y siento que vale la pena.
    Espero verte algún día en Las Crisálidas.
    Un abrazo, mi joven amiga.


(*) Así decíamos en Jaca, de niños, cuando algo con lo que jugábamos quedaba atrapado en un balcón, terraza o árbol; fuera de nuestro alcance y con difícil acceso.

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El huevo, la gallina y otras aporías

Al contrario que en la cultura, en la
selección natural la solución precede al problema.

J. Wasensberg

Por si acaso hay alguna sospecha infundada, creo que sigo cuerdo o todo lo cuerdo que yo puedo estar, pero en la manía de pensar reside también el vicio de querer compartir lo que se piensa.

En nuestros debates a menudo recurrimos a esta aporía: ¿qué fue antes la gallina o el huevo? Y recurrimos a ella, en general, cuando no queremos reconocer la verdad, a veces no toda la verdad, del razonamiento de la persona que nos contradice.

    Pero estaréis ya pensando ¿a qué viene toda esta introducción? Vayamos al grano que es plato de gusto de las gallinas. El grano es el asunto del solar que debemos y tenemos que encontrar y que será el fundamento de nuestra infraestructura dura.

    Hay partidarios de la gallina y dicen que habría que definir primero, hablando y debatiendo por supuesto, cuántos metros cuadrados necesitamos de mínimo y de máximo para poder dotarnos de un edificio o sistema de edificios que puedan albergar todo lo necesario para satisfacer nuestros deseos de vivir bien y de tener una buena calidad de vida y luego con esos parámetros buscar el solar.

    Sin embargo también hay personas partidarias del huevo que dicen que primero hay que tener un solar y luego hacer un concurso de ideas para que los arquitectos desarrollen en ese espacio un proyecto que nos satisfaga. 

    En nuestro sistema cultural casi siempre definimos primero el problema y luego buscamos la solución, pero también sabemos que cuando un problema se enuncia de forma precisa ya se está anticipando la solución. Por lo tanto enunciemos bien el problema: ¿Cuántos metros cuadrados de gallina necesitamos y dónde será el sitio en que esa gallina no nos cueste un huevo?

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Un grano de arena

—1—

Acuarela de Javier Vicente

Olas cansadas

con sus últimas fuerzas

mecen las barcas.

Javier Vicente

  Si Las Crisálidas y todo lo que rodea este proyecto te trae a la memoria algún refrán, proverbio o dicho popular de tu tradición oral, nos encantaría darle cabida en este nuevo rincón. Igualmente será bienvenido lo que te inspire de otra forma, necesariamente breve; ya sea un poema, haiku , etc. 
   La idea es que sean aportaciones de no más de 20 o 30 palabras y que expresen vuestro sentimiento sobre lo que estamos construyendo. 
   Así, junto a las reflexiones más extensas en forma de artículo, completarán nuestra visión compartida estos granitos que, como en la playa, vistos de cerca, son tan distintos y tan bellos.[puedes enviar tus colaboraciones a: boletin@lascrisalidas.es ]

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De Monzalbarba a Alfocea

El 14 de marzo, domingo, salimos en coches hasta Monzalbarba cruzando el puente del Ebro hacia Alfocea y su soto para recorrer un precioso camino junto al Ebro, disfrutando del entorno natural que este paraje ofrece y que a nadie deja indiferente, para llegar bajo los escarpes hasta Alfocea y sus empinadas calles acabando en su mirador para gozar allí de sus magníficas vistas.