El olvido que seremos

  El pasado día 25 de mayo fuimos a los cines Palafox a ver esta película estimulados por los comentarios en radio y prensa sobre ella. Además tenía el aliciente de que, al finalizar la proyección, habría un coloquio con su director.

Personalmente me pareció una gran obra, todavía no he leído el libro, que compramos al día siguiente, pero no creo que desmerezca ninguno de los dos al otro.

    El libro y, por supuesto, la cinta, tratan sobre Héctor Abad Gómez, padre del autor de la historia, un médico y humanista colombiano que fue asesinado por su firme defensa de las libertades en la Colombia de finales del siglo pasado en Medellín, donde había ejercido de profesor y médico durante muchos años.

    Es un canto a la libertad, a la familia y a los derechos humanos en un tiempo de violencia, tanto terrorista como institucional en ese país en aquellos años, de la que todavía no han podido librarse hoy en día.

    En mi opinión es una película tierna, divertida, optimista, familiar y ensalza la figura del padre, un buen hombre, humanista, adelantado a su tiempo, generoso y muy combatiente con las jerarquías colombianas de su época.    

 Mención aparte merece la actuación de su actor principal, Javier Cámara, encarnando al profesor, padre y médico, dándole toda la carga emocional que el personaje se merece y haciéndole cercano, admirable y conmovedor. 

   Totalmente recomendable a quienes les guste el cine emocional y los buenos trabajos de los actores.

   La guinda al visionado la puso el coloquio con el director, ameno y distendido con un interlocutor de los cines Palafox que le hizo las preguntas oportunas para que Fernando Trueba contara unos cuantos episodios del rodaje y la “fabricación” de su obra.

   Película dirigida por Fernando Trueba, basada en el libro del mismo nombre escrito por Héctor Abad Faciolince, guión adaptado de David Trueba.

   Libro editado por Alfaguara que, por ahora, va por su 17ª edición.

Isidro Alba


Traiciones de la memoria

    Cuando el 25 de agosto de 1987 el médico colombiano Héctor Abad Gómez murió asesinado por paramilitares en el centro de Medellín, su hijo, el escritor Héctor Abad Faciolince, encontró en uno de sus bolsillos un soneto copiado a mano por el doctor y firmado J.L.B. El poema se convirtió en epitafio de la tumba del padre, y el escritor lo atribuyó a Borges.

    Veinte años más tarde, Héctor Abad Faciolince escribe un libro sobre su padre titulado El olvido que seremos, en el que incluye el soneto. Y por el éxito surge la polémica sobre la autoría del soneto, e incluso sobre la invención del hallazgo en el bolsillo de su padre. Héctor Abad F. decide rastrear el origen de los versos -no incluidos ni en la Obra poética ni en las Obras completas de Borges- y comienza una investigación que lo lleva desde Francia hasta Argentina y que termina por confirmar la autoría de Borges, y descubrir cinco poemas inéditos del autor argentino. Hector Abad Faciolince recoge en Traiciones de la Memoria ese largo proceso de búsqueda.

Ya somos el olvido que seremos
 
Ya somos el olvido que seremos.
El polvo elemental que nos ignora
y que fue el rojo Adán y que es ahora
todos los hombres, y que no veremos.

Ya somos en la tumba las dos fechas
del principio y el término. La caja,
la obscena corrupción y la mortaja,
los triunfos de la muerte, y las endechas.

No soy el insensato que se aferra
al mágico sonido de su nombre.
Pienso con esperanza en aquel hombre 
 
que no sabrá que fui sobre la tierra.
Bajo el indiferente azul del cielo,
esta meditación es un consuelo.  

J.L.B

Nos fuimos a buscar estrellas y no salimos estrelladas

  Tenía palabras guardadas para empezar a escribir, palabras que no se fugan de mi memoria, como se fugaron las estrellas, sobre todo las que no pudimos ver.

    Llegamos a Torrecilla de Valmadrid. Había pocos coches, en la plaza donde habíamos quedado sólo estaba el de Javier. Nada más aparcar llegaron las del tercer vehículo y ya estábamos todas.

    Once personajes fantásticos para organizar un campamento poético bajo las estrellas, y digo poético porque no hay mejor poesía que compartir viandas y no hay poema más perfecto que una buena tortilla de patata. ¡Ay, esa tortilla!, nos hizo sucumbir a todas y postrarnos ante semejante manjar aportado por las hermanas Antolín. Estábamos tan inmersas en devorar esa exquisitez que no se nos ocurrió documentar el acto. A la tortilla le acompañaba una ensalada de verano de Lola y un poco de jamón, longaniza de pavo y otras fruslerías que quedaron relegadas a un segundo plano hasta que Concha nos sacó sus empanadillas de cabello de ángel, y caímos en la tentación del dulce. No faltaron bebidas, aunque no espirituosas, para acompañar el recital.

    Por un momento pensé si las perseidas (percebeiras, según la madre de Pilar, que estuvo presente en su memoria) sólo eran una excusa para cenar en armonía.Llegó la hora de tumbarnos en hamacas y esterillas bajo el influjo de una noche serena y con las estrellas difuminadas por la calima, pero el trasiego de linternas alumbrando el camino de gente que venía con neveras y hamacas incomodaba bastante. Aquello parecía Benidorm en agosto prepandémico.

    Estrellas vimos pocas, dicen que cuatro grandes y algunas pequeñitas, yo personalmente vi tres y las pequeñas ni las sentí. Hubo quienes pudieron pedir sus deseos, confieso que no me daba tiempo.

    Pero bueno, al fin y al cabo, los deseos los pedimos cada día, sobre todo el que se realicen nuestros sueños comunitarios, porque como decía la película de Trueba “vivir es fácil con los ojos cerrados”, vivir y soñar van de la mano, porque la vida sin sueños sería insoportable. Después del primer deseo, ya se sabe, pedimos por la salud, nuestros hijos y otras cosas que no voy a enumerar porque puede ser que ahí las coincidencias se alejen. 

   Vimos titilar estrellas y casi titilamos nosotras, alguien hasta se imaginó un Ovni y extraterrestres que nos vienen a buscar para llevarnos en su nave a lugares lejanos y extraños, alguna, dispuesta a irse, sobre todo para hacer tiempo a que nuestro sueño común se realice. Y es que de tanto mirar a las estrellas daba la impresión que todas se movían.

    Se levantó un aire fresco que agradecimos después de los 42 grados que habíamos sufrido en esta Zaragoza, a veces infernal.

    Poco más de las 12 de la noche y ya era el día siguiente. Levantamos el campamento con sensación de felicidad compartida.

    Perseidas pocas, poesía mucha, sobre todo ese soneto alejandrino perfecto de una gran tortilla de patata riquísima, que hicieron para 12 personas.

    Y de todas las palabras que tenía apuntadas, me queda la palabra bóveda, que no recuerdo cuando la incorporé al diccionario mental y no sé dónde encajarla. 

   Me queda decir que esta experiencia, la podíamos repetir sin necesidad de mirar al cielo.

Estirón de crecimiento

  Mi padre me ponía con los talones y la espalda bien pegados al marco de una puerta, con la cabeza bien erguida. Entonces cogía el cuchillo de la cocina, apoyaba la hoja sobre mi cabeza y, con la punta, trazaba una muesca en la madera. Luego pedía a mi madre el metro de costura y medía la altura. Este chico ha pegado un buen estirón.      En la asamblea del 4 de septiembre Las Crisálidas pegó un buen estirón. Cerramos el curso 20-21 —que se llegó a entreverar con las vacaciones de verano— y empezamos un ilusionante bachillerato como paso previo a tomar responsabilidades de adultos.

La reforma de estatutos aprobada en la asamblea supone la ampliación de una estructura de gestión asociativa que, a pesar de su origen improvisado, ha servido para reunir a 52 personas que hemos trabajado en comisiones y grupos de debate y hemos difundido la buena nueva de la vivienda colaborativa entre amigos y familiares, en las redes sociales y medios de comunicación y hasta en palacios mudéjares en los que reside el poder legislativo autonómico.

Hemos buscado apoyos profesionales valiosos para nuestra formación, hemos hecho virguerías para debatir en tiempos de pandemia, nos hemos divertido, hemos reído y discutido. Como en las mejores familias.

Y aquí estamos. Dispuestos a afrontar un nuevo curso, una nueva etapa de la que deberá surgir al menos una cooperativa que materialice un proyecto de vivienda colaborativa. El reto es importante y para ello se requiere una mayor implicación de todos, tanto en las comisiones sectoriales como en la propia Junta Coordinadora. En este órgano, el paso de tres a siete miembros permite un mejor reparto de tareas, por lo que no se debe tener miedo a asumir un trabajo desbordante, aunque sí debe ser proactivo y responsable.

Contamos entre los asociados con gente que ha demostrado su competencia profesional en ámbitos variados. Conocemos ya a personas con capacidad de gestión y liderazgo mostradas en comisiones, grupos y debates. Hay cantera.

En breve, la rebautizada Junta Coordinadora convocará elecciones para cubrir sus siete cargos más dos suplentes. No debemos conformarnos con una lista electoral de nueve candidatos, ya que eso desvirtúa el concepto de elección. Al menos quince o veinte personas de ambos sexos deberíais de dar un paso al frente.

Que hemos dado un buen estirón y ya somos mayorcitos.

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Ficticia entrevista vista y no vista a la ministra

A saia de

Carolina ten un

lagarto pintado: cando

Carolina baila,

o lagarto dalle ao rabo

Canción popular gallega

    Me encargaron, apresuradamente, en el consejo de redacción de El Boletín, una entrevista con la ministra Yolanda Díaz y documentándome supe que iba a intervenir el viernes 16 de julio en la Trigésimo Cuarta Semana Negra de Gijón. Contacté con su secretario y después de mucho porfiar, gracias al prestigio periodístico que ya tiene El Boletín de Las Crisálidas, conseguí concertar la entrevista.

    La ministra actuaba junto a Esteban Hernández, jefe de la sección de opinión de El Confidencial y Enric Juliana, director adjunto de La Vanguardia del empresariado. La intervención de la ministra versó sobre la recuperación económica, que en su opinión solo puede ir de la mano de la recuperación social y del cambio de modelo productivo, como propone la antropóloga y ecofeminista Yayo Herrero, haciendo hincapié en la economía de los cuidados y en la necesidad de consolidar el empleo. En una segunda intervención, a propósito del procés, la ministra desarrolló un concepto interesante y polémico en torno al cual desarrollé después la entrevista. Dijo, la ministra Díaz, España es compleja pero no necesariamente complicada, tiene que ser plural y abandonar la carga pesada del concepto patria y sustituirlo por matria. Después de decir esto se generó la polémica, como si Carolina* hubiese agitado su saya, que dirían en Galicia. Y aquí, mis queridas y queridos lectores, enlazo ya con la entrevista que le realicé tras su intervención en el foro de la Semana Negra de Gijón.

   La ministra Yolanda Díaz es una mujer cálida, siempre te mira a los ojos, tiene un perfil afilado pero la sonrisa siempre a punto. Va vestida con pantalón negro y camiseta rematada en un encaje también negro, zapatos negros de tacón y una chaqueta gris perla entallada, con grandes botones negros todo en consonancia con la Semana Negra donde acaba de intervenir; lleva el pelo muy cuidado recogido parcialmente a los lados con unas pinzas como de carey; los pendientes y el collar terminan en unas vieiras recordándonos que, como presume ella a menudo, es gallega y fala galego; en el dedo anular de la mano derecha lleva una alianza y en el de la mano izquierda un anillo, también porta una pulsera ancha tipo muñequera en su brazo izquierdo.

Después de tomar contacto y enseñándole las credenciales de El Boletín vamos caminando hasta una terraza frente al puerto, nos sentamos. La invito para romper el hielo, a una Estrella Galicia y un medio cachopo porque se ha hecho la hora de tomar un tentempié. Mientras tomamos la cerveza y damos cuenta de los respectivos medios cachopos le voy haciendo las preguntas. Había comenzado tratándola formalmente de ministra pero me pide con una sonrisa que la llame Yolanda, al tiempo que me confiesa que se llama así por la canción de Pablo Milanés que les encantaba a sus padres.

—En el diálogo de hace un ratito ha propuesto un concepto, matria, que aunque no es neologismo completamente novedoso, ya lo había empleado por ejemplo Virginia Woolf, me gustaría que explicase para nuestros lectores.

    —¿La matria qué es? Bueno, matria, se opondría y sustituiría al trasnochado y patriarcal concepto de patria que tanto ha contribuido a enfrentarnos históricamente. Matria debería ser algo que nos cuidara, que tratara por igual a todas las partes que la constituirían. Que diera más al que es más desigual y menos al que hay que darle menos, que no discriminara a nadie porque hablase una u otra lengua o porque tuviese una posición política determinada. Sería así un país que se daría la mano a través del diálogo entendido de forma deliberativa llegando a puntos de encuentro. 

    Mientras la ministra Yolanda da un sorbo breve a su cerveza, aprovecho para precisar. 

   —En algunos aspectos ese concepto matria se asemeja a aquellos postulados del socialismo de dar a cada uno, no lo mismo, sino según sus necesidades.

    —Claro, es que es un postulado que no tenemos por qué rechazar o dejar de lado. No obstante, si quisiéramos precisar en tres palabras el concepto matria éstas serían: cuidados, igualdad y diálogo. El cuidado o los cuidados, que siempre han estado a cargo de las mujeres, debe ser un referente de la nueva sociedad que debemos construir con un cambio de paradigma, un nuevo modelo productivo donde la sociedad valore sobre todo ese aspecto social y humano del cuidado. Además también habría que incluir los cuidados que necesita la Tierra, nuestro planeta, a la que hemos puesto en una situación límite al borde de un cambio climático ante el que si no actuamos todas y todos rápidamente será irreversible. Nunca se ha cuantificado el valor de los cuidados en términos económicos y sin embargo será lo que nos hará crecer permitiéndonos acceder a una sociedad más justa y equitativa.

    —Las cooperativas de viviendas colaborativas senior, o para mayores, tienen entre sus valores fundamentales la autogestión, el apoyo mutuo y los cuidados para envejecer de una manera activa y más humana frente al modelo fundamentalmente basado en el negocio que ofrecen las residencias al uso. ¿Conoce usted, Yolanda, ese modelo?

    —No solo lo conozco sino que comparto y apoyo esos valores. Estoy al tanto de las innovaciones legales que gobiernos autonómicos, como el de esta comunidad en la que ahora estamos, están preparando para potenciarlos. No obstante queda todo un trayecto enorme por recorrer. La matria debe conseguir un modelo de sociedad con el ser humano y su calidad de vida como referente fundamental y la calidad de vida no es solo un asunto de tipo económico sino de cuidados y de apoyo mutuo como plantean esos modelos de cooperativas de viviendas colaborativas senior, por cierto que estoy tentada de integrarme en la cooperativa Ancoradoiro que se está formando en Vigo.

    Me dice esto último con ojos risueños e incluso he creído percibir un pequeño guiño de complicidad. Le hacen señas discretas pero claras a la señora ministra de que debemos terminar la entrevista y educadamente se despide de este modesto becario con sendos besos después de haberse colocado la mascarilla.

Tito Liviano

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* La Carolina de la copla es nada menos que Carolina Otero, la Bella Otero, que actuó durante muchos años en París en el Folies Bergère, donde era la estrella con sus bailes sicalípticos que conseguían de los espectadores el “dalle ao rabo”.

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Javier Vicente Martín

   Me llamo Javier Vicente Martín y como tengo que decir siempre Vicente Martín son apellidos. Nací el año 54 del siglo pasado en Used (Zaragoza). A resultas de una epidemia de poliomielitis que hubo en los años 50 dicen que soy minusválido, término que a mí me parece insultante, prefiero el adjetivo tradicional de cojo. En la escuela nacional-católica nos colocaban por apellidos lo que me permitió, lejos de los maestros, vivir en Babia, pensar en las avutardas y estar en la higuera. No obstante espoleado por las motivaciones del entorno familiar “como no vales para trabajar bien tendrás que estudiar” conseguí en una especie de competición de obstáculos, selectiva, aprobar el ingreso de bachiller, la reválida elemental y la superior y acceder a la universidad franquista donde después de algunos conflictos que me apartaron unos años del Templo de la Sabiduría y ya de por libre conseguí la Licenciatura. Soy Licenciado en Ciencias Inútiles sección Geografía e Historia. Casado, con una hija y tres nietos. He sido durante casi treinta años profesor de Secundaria en distintos centros públicos de Aragón.

   He publicado algún libro, por ejemplo,Imágenes de la Historia. Recorrido por la Historia del Mundo Contemporáneo en diez películas y he sido comisario junto con mi amigo Herminio Lafoz de la exposición La escuela del siglo XX: educar ciudadanos o educar súbditos que se realizó en el Centro de Historia en 2007. Actualmente publico dos blogs: aprendizdeacuarelista.blogspot.com con acuarelas comentadas y haikus hechos a propósito de ellas; y otro calendariorojoynegro.blogspot.com con el proyecto Calendario Rojo y Negro que hacemos un grupo de 7 compañeras/os para recordar y homenajear a las/los que lucharon por conseguir una sociedad igualitaria.

   Me definiría a mí mismo como un perverso polimorfo, entre mis abundantes y variadas perversiones estarían: viajar, la lectura, oír música, el cine, cocinar, el vino, conversar, un acusado sentido del humor hasta ahora no condenado, pintar acuarelas, perpetrar haikus y procurar actuar coherentemente con lo que pienso, así pues soy ateo y apóstata ya que en el único dogma de la iglesia en el que creo es en la infalibilidad del Papa: el Papa es infalible, se equivoca siempre; luego, con un poco de suerte alguno de sus sucesores al cabo de setecientos años subsanar el entuerto y en algunos casos pide perdón. He estado casi toda mi vida encaminando mis pasos jacarandosos o tartajeantes mediante la dialéctica hegeliana de la tesis, la antítesis y la síntesis pero ahora ya es más bien la ortesis en mi pierna derecha la que asegura mis pasos.

   Mi lema de actuación en la vida es en caso de duda siempre a la izquierda (in dubio semper siniestra). Actuar de acuerdo a este lema me coloca a veces en situaciones un poco complicadas, por ejemplo cuando me incorporo, conduciendo el coche, a una rotonda y no encuentro la forma de salir, menos mal que Avelina es paciente conmigo. Mis inquietudes sociales hacen que esté afiliado hace muchos años a CC.OO., I.U. y Amnistía Internacional. Afectivamente he tenido la suerte de aprender mucho de las mujeres que me quieren o han querido, porque definitivamente solo se aprende de los que te quieren.

   En la actualidad estoy muy ilusionado con llevar adelante junto a mis queridas compañeras/os de Las Crisálidas nuestro proyecto de viviendas colaborativas para poder autogestionar una plácida vejez activista y de apoyo mutuo, viviendo acompañados y sin depender de nuestras familias. Por supuesto desde estas líneas de nuestro Boletín invito a todas y todos los amigos y conocidos a que se informen y se involucren en este hermoso proyecto: lascrisalidas.es

A pachas o a escote

    En los grupos y pandillas de amigos siempre llega el momento en que se plantean si van a pachas o a escote. La expresión a pachas implica que la ronda se paga a partes iguales, mientras que a escote cada uno paga lo que ha consumido. En los primeros encuentros después del confinamiento hemos tenido titubeos entre el sentimiento de culpa de quienes nos hemos tomado más cañas que otros y la sencillez de dividir la cuenta por el número de consumidores. Ir a pachas es costumbre en cuadrillas que van de txiquitos, puesto que la consumición de todos suele ser la misma o muy parecida. Sin embargo, es evidente que es injusta cuando las consumiciones son diferentes en precio, así que esto solo suele aceptarse en grupos muy unidos por lazos de amistad o familiares.

  Y es aquí donde entra uno de los debates de nuestra futura convivencia. Hay acuerdo mayoritario o unánime en que nos planteamos que tendremos una comida común, en la que pueden coexistir varios tipos de dieta. Esto supone un suministro de víveres centralizado para este fin, probablemente gestionado por el personal de cocina y la comisión correspondiente. El debate, suscitado en nuestras quedadas veraniegas de los martes, es si ese suministro —claramente a pachas— puede ser ampliado a otro tipo de productos de uso común, como los que pueden componer un desayuno básico, el pan para la cena, café o infusiones, bebidas frías, etcétera, lo que simplificaría la compra y distribución de productos que no representen mucho coste y cuyo consumo sea similar para todos. La lista de estos artículos se acordaría entre todos, se pagarían del presupuesto común para alimentos y cada persona podría disponer libremente de ellos, siempre y cuando no se aprecie un abuso, en cuyo caso tendría que intervenir la comisión de conflictos.

    Tema menor, si se quiere, muy propio de la charla relajada en las terrazas de verano, pero que preludia otros debates de fondo sobre el tipo de comunidad que queremos. A veces nos referimos a nuestro proyecto como convivencia entre amigos, como una familia e incluso como una historia de amor entre cincuenta personas. Si esto fuera así, parecería lógico ir a pachas. Sin embargo, es evidente que todavía queda un largo recorrido para llegar a ese punto y que, incluso habiendo llegado, esa opción podría no ser la mayoritaria.

    Mientras tanto, nos atendremos al llamado dilema del erizo, que formuló Schopenhauer:

“En un día muy frío, un grupo de erizos que se encuentran cerca sienten simultáneamente una gran necesidad de calor. Para satisfacer su necesidad, buscan la proximidad corporal de los otros, pero cuanto más se acercan, más dolor causan las púas del cuerpo

del erizo vecino. Sin embargo, debido a que el alejarse va acompañado de la sensación de frío, se ven obligados a ir cambiando la distancia hasta que encuentran el grado óptimo de aproximación, el más tolerable”

   Lograr ese equilibrio entre lo privado y lo común será cuestión de múltiples tentativas, pero estoy seguro de que podemos conseguirlo.

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Un domingo en Tarazona – El huerto de Ángela

Fue y no fue una excursión más en la que vamos conociéndonos y aprendiendo a querernos, que ya es mucho.  

 Disfrutamos y conocimos más a Ángela, ya que es transparente y comparte sus experiencias y conocimientos, ¡es muy generosa!

    Le gusta vivir en la naturaleza con lo más básico, aunque su hijo la atrae hacia Zaragoza.

    Prenda, ¡qué cariñosa eres! Sería esto lo que dio ese gran sabor a la caldereta que nos comimos.

    El huerto ofrecía, de forma natural, sus frutos, lo mismo que Ángela. Y Tarazona fue el otro escenario, su catedral, casco histórico y rincones con encanto.

    Nos volvimos muy satisfechos.

    ¿Qué hay que hacer para que todos confluyamos en ese bienestar? Seguro que se trata de nuestro Proyecto que ha reunido a buena gente.

Quedadas veraniegas

   Este verano a los que nos quedamos a ratos y a días en la ciudad nos apetecía seguir viéndonos, decidimos quedar un día a la semana a última hora de la tarde para librarnos del calor en algún sitio agradable para charrar un ratico

   Así quedamos los martes en una terracita del centro de la ciudad y entre cañas conversación y risas hicimos unas reuniones muy agradables, acudiendo l@s que podíamos sin ninguna obligación, la verdad es que ha sido estupendo quedar y vernos para mantener el contacto y espero que podamos seguir mientras se pueda. Cuando llegue el frio ya veremos

   Hasta entonces, seguiremos disfrutando.

Elogio de la lentitud

Lento en la bici

me adelanta el paisaje

cuando me paro.

   En los días del largo verano de los jubilados, ese verano que nos acerca a nuestra ya lejana infancia en la que las vacaciones eran casi eternas, disfruto en Herreros de Jamuz (León) con una bicicleta Orbea que casi tiene los mismos años que yo, quizás por eso nos llevamos tan bien, no se encabrita ni se pone levantisca y la puedo ateclar cuando se desajusta ligeramente. No tiene cambios de marcha ni piñones, sólo responde al ímpetu de las piernas.

    Es una bicicleta apropiada totalmente para pasear y saborear el placer de ver discurrir ante mis ojos el paisaje hermoso y sosegado del valle del Jamuz.

    La bicicleta me la ha prestado una amiga de Avelina, Visitación, aquí en el  pueblo la Visi, por lo tanto podríamos decir que lo que me ha prestado ha sido una visicleta.

   Monto en la visicleta sin disfrazarme de ciclista, una camiseta de algodón muy usada y una camisa y pantalón de tela ligera, las zapatillas atadas y el casco por precaución y por miedo a las multas de la Benemérita, sujeto mis pantalones abajo con unos aros de aluminio para que no se enganchen en los pedales. No me gusta asustar al paisaje con vestimenta de colores chillones prefiero armonizar con él, este paisaje leonés tiene ropajes antiguos, austeros que han permanecido con muy pocos cambios durante siglos.

   Recorro las carreteras comarcales a veces silbando, saludando, como debe ser, a los lugareños que ya deben tener por costumbre verme pasar de camino a los pueblos cercanos, a Quintana y Congosto, Palacios de Jamuz, Quintanilla de Flórez, Torneros de Jamuz o Tabuyuelo, lentamente, disfrutando de todo lo que veo: el arbolado con lo que en estas tierras llaman negrillos y paleras, encinas, robles y chopos; con los pajarillos: gorriones claro pero también abubillas, carboneros, vencejos y golondrinas; me gustan los olores a yerbas aromáticas, a alfalfa recién cortada que yo creo que se aprecian mucho mejor con el ritmo pausado de la visicleta… En eso de la rapidez difiero de lo que proponía mi admirado Italo Calvino en sus Seis propuestas para el próximo milenio, yo no admiro la velocidad y tampoco creo ser más productivo si voy rápido, aunque Don Italo se refería, pienso yo, más bien a la velocidad en la narración que no en los paseos.

    El ritmo de paso de las imágenes cuando vas en visicleta te permite verlas en toda su dimensión y con toda su escenografía te incitan a pararte, a bajar de la visicleta y observarlas atentamente y cuando lo crees necesario a sacar tu móvil de la mochila y hacer algunas fotografías que reforzarán tus recuerdos.

    Puedes coger unos juncos para luego colocarlos en un jarrón o florero. Es un placer oír saltar a las ranas cuando pasas y oír a una tras otra ¡chof! cuando caen en el agua y recuerdas entonces el haiku de Matsuo Bashõ que tanto te gusta: “Un viejo estanque/se zambulle una rana/ruido en el agua.” 

    El ritual que he establecido me permite aliviar mi sed en la fuente de Quintanilla de Flórez, aún en lo más tórrido del verano el agua es fresca, recuerda la frescura de aquella frase de Cervantes: “bebí un vidrio de agua fresca”, yo bebo directamente de mis manos que también agradecen el frescor del agua para compensar la fatiga de sujetar el manillar de la visicleta.

    A la vuelta ya aprieta más el calor pero en la visicleta se nota menos, el aire que produces al desplazarte aminora el calor y te refresca.

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País nómada, de Jessica Bruder

Nomadland se basa en la novela País nómada, de Jessica Bruder. La autora sigue durante varios años a los nómadas americanos, caravanistas en su mayoría sexagenarios pero también septuagenarios que en un momento de su vida, tras la crisis del 2008, han visto que no podían seguir manteniendo una vivienda estable y han optado por lanzarse a la carretera con una furgoneta adaptada o una caravana. Es una escapatoria hacia un futuro sin una perspectiva clara.

Tras el miedo inicial (es mucho lo que hay que saber para poder mantenerse nómada), sobreviene el orgullo de la libertad, la conciencia de grupo, el rechazo a los valores consumistas predominantes y el minimalismo. En Quartsize y otros campamentos disfrutan de la solidaridad nómada, intercambian conocimientos y habilidades y se ponen al día de triquiñuelas como dónde les dejan aparcar, dónde el sheriff es muy duro, y pequeños recursos de supervivencia. Quartsize es un lugar de cita tan importante que hasta se organiza una feria para nómadas, con innovaciones tecnológicas para sus furgonetas, centros de contratación, etc.

   Porque, incapaces de sobrevivir con el subsidio del estado, los nómadas se ven obligados a buscar trabajos temporales y precarios, en grandes compañías (como Amazon, que tiene un programa especial para jubilados e incluso ofrece terrenos donde acampar), como anfitriones en campamentos de parques forestales, como recogedores de remolacha, o en cualquier empleo que les permita acumular dólares para pasar el invierno.

   No les cuesta encontrar trabajo: las empresas quieren trabajadores desechables para los trabajos desechables, y hacen convocatorias especiales para mayores de 60…y hasta más de 80. Se vuelve a los tiempos en que las personas trabajaban mientras tenían fuerza.

   A mí, personalmente, más que los momentos de felicidad y del sentimiento de libertad, el libro me ha generado sensación de angustia: la necesidad de buscar empleo ya mayor, los accidentes laborales propios de trabajos fuertes y repetitivos, la salud que a veces ya no responde, la soledad, la incertidumbre sobre el futuro, cuando ya no puedan conducir. Un campista no soportaría un asilo, le va más el modelo Thelma y Louise…

   Libro muy recomendable, tanto si has visto Nomadland como si no. Son complementarios película y libro para entender un fenómeno real en EEUU. Quizás aquí no tenemos el espíritu de los antiguos colonos, pero nada dice que el nomadismo no vaya a llegar a Europa, si la economía sigue atacando a los más débiles.

Concha Nasarre