Estirón de crecimiento

  Mi padre me ponía con los talones y la espalda bien pegados al marco de una puerta, con la cabeza bien erguida. Entonces cogía el cuchillo de la cocina, apoyaba la hoja sobre mi cabeza y, con la punta, trazaba una muesca en la madera. Luego pedía a mi madre el metro de costura y medía la altura. Este chico ha pegado un buen estirón.      En la asamblea del 4 de septiembre Las Crisálidas pegó un buen estirón. Cerramos el curso 20-21 —que se llegó a entreverar con las vacaciones de verano— y empezamos un ilusionante bachillerato como paso previo a tomar responsabilidades de adultos.

La reforma de estatutos aprobada en la asamblea supone la ampliación de una estructura de gestión asociativa que, a pesar de su origen improvisado, ha servido para reunir a 52 personas que hemos trabajado en comisiones y grupos de debate y hemos difundido la buena nueva de la vivienda colaborativa entre amigos y familiares, en las redes sociales y medios de comunicación y hasta en palacios mudéjares en los que reside el poder legislativo autonómico.

Hemos buscado apoyos profesionales valiosos para nuestra formación, hemos hecho virguerías para debatir en tiempos de pandemia, nos hemos divertido, hemos reído y discutido. Como en las mejores familias.

Y aquí estamos. Dispuestos a afrontar un nuevo curso, una nueva etapa de la que deberá surgir al menos una cooperativa que materialice un proyecto de vivienda colaborativa. El reto es importante y para ello se requiere una mayor implicación de todos, tanto en las comisiones sectoriales como en la propia Junta Coordinadora. En este órgano, el paso de tres a siete miembros permite un mejor reparto de tareas, por lo que no se debe tener miedo a asumir un trabajo desbordante, aunque sí debe ser proactivo y responsable.

Contamos entre los asociados con gente que ha demostrado su competencia profesional en ámbitos variados. Conocemos ya a personas con capacidad de gestión y liderazgo mostradas en comisiones, grupos y debates. Hay cantera.

En breve, la rebautizada Junta Coordinadora convocará elecciones para cubrir sus siete cargos más dos suplentes. No debemos conformarnos con una lista electoral de nueve candidatos, ya que eso desvirtúa el concepto de elección. Al menos quince o veinte personas de ambos sexos deberíais de dar un paso al frente.

Que hemos dado un buen estirón y ya somos mayorcitos.

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Ficticia entrevista vista y no vista a la ministra

A saia de

Carolina ten un

lagarto pintado: cando

Carolina baila,

o lagarto dalle ao rabo

Canción popular gallega

    Me encargaron, apresuradamente, en el consejo de redacción de El Boletín, una entrevista con la ministra Yolanda Díaz y documentándome supe que iba a intervenir el viernes 16 de julio en la Trigésimo Cuarta Semana Negra de Gijón. Contacté con su secretario y después de mucho porfiar, gracias al prestigio periodístico que ya tiene El Boletín de Las Crisálidas, conseguí concertar la entrevista.

    La ministra actuaba junto a Esteban Hernández, jefe de la sección de opinión de El Confidencial y Enric Juliana, director adjunto de La Vanguardia del empresariado. La intervención de la ministra versó sobre la recuperación económica, que en su opinión solo puede ir de la mano de la recuperación social y del cambio de modelo productivo, como propone la antropóloga y ecofeminista Yayo Herrero, haciendo hincapié en la economía de los cuidados y en la necesidad de consolidar el empleo. En una segunda intervención, a propósito del procés, la ministra desarrolló un concepto interesante y polémico en torno al cual desarrollé después la entrevista. Dijo, la ministra Díaz, España es compleja pero no necesariamente complicada, tiene que ser plural y abandonar la carga pesada del concepto patria y sustituirlo por matria. Después de decir esto se generó la polémica, como si Carolina* hubiese agitado su saya, que dirían en Galicia. Y aquí, mis queridas y queridos lectores, enlazo ya con la entrevista que le realicé tras su intervención en el foro de la Semana Negra de Gijón.

   La ministra Yolanda Díaz es una mujer cálida, siempre te mira a los ojos, tiene un perfil afilado pero la sonrisa siempre a punto. Va vestida con pantalón negro y camiseta rematada en un encaje también negro, zapatos negros de tacón y una chaqueta gris perla entallada, con grandes botones negros todo en consonancia con la Semana Negra donde acaba de intervenir; lleva el pelo muy cuidado recogido parcialmente a los lados con unas pinzas como de carey; los pendientes y el collar terminan en unas vieiras recordándonos que, como presume ella a menudo, es gallega y fala galego; en el dedo anular de la mano derecha lleva una alianza y en el de la mano izquierda un anillo, también porta una pulsera ancha tipo muñequera en su brazo izquierdo.

Después de tomar contacto y enseñándole las credenciales de El Boletín vamos caminando hasta una terraza frente al puerto, nos sentamos. La invito para romper el hielo, a una Estrella Galicia y un medio cachopo porque se ha hecho la hora de tomar un tentempié. Mientras tomamos la cerveza y damos cuenta de los respectivos medios cachopos le voy haciendo las preguntas. Había comenzado tratándola formalmente de ministra pero me pide con una sonrisa que la llame Yolanda, al tiempo que me confiesa que se llama así por la canción de Pablo Milanés que les encantaba a sus padres.

—En el diálogo de hace un ratito ha propuesto un concepto, matria, que aunque no es neologismo completamente novedoso, ya lo había empleado por ejemplo Virginia Woolf, me gustaría que explicase para nuestros lectores.

    —¿La matria qué es? Bueno, matria, se opondría y sustituiría al trasnochado y patriarcal concepto de patria que tanto ha contribuido a enfrentarnos históricamente. Matria debería ser algo que nos cuidara, que tratara por igual a todas las partes que la constituirían. Que diera más al que es más desigual y menos al que hay que darle menos, que no discriminara a nadie porque hablase una u otra lengua o porque tuviese una posición política determinada. Sería así un país que se daría la mano a través del diálogo entendido de forma deliberativa llegando a puntos de encuentro. 

    Mientras la ministra Yolanda da un sorbo breve a su cerveza, aprovecho para precisar. 

   —En algunos aspectos ese concepto matria se asemeja a aquellos postulados del socialismo de dar a cada uno, no lo mismo, sino según sus necesidades.

    —Claro, es que es un postulado que no tenemos por qué rechazar o dejar de lado. No obstante, si quisiéramos precisar en tres palabras el concepto matria éstas serían: cuidados, igualdad y diálogo. El cuidado o los cuidados, que siempre han estado a cargo de las mujeres, debe ser un referente de la nueva sociedad que debemos construir con un cambio de paradigma, un nuevo modelo productivo donde la sociedad valore sobre todo ese aspecto social y humano del cuidado. Además también habría que incluir los cuidados que necesita la Tierra, nuestro planeta, a la que hemos puesto en una situación límite al borde de un cambio climático ante el que si no actuamos todas y todos rápidamente será irreversible. Nunca se ha cuantificado el valor de los cuidados en términos económicos y sin embargo será lo que nos hará crecer permitiéndonos acceder a una sociedad más justa y equitativa.

    —Las cooperativas de viviendas colaborativas senior, o para mayores, tienen entre sus valores fundamentales la autogestión, el apoyo mutuo y los cuidados para envejecer de una manera activa y más humana frente al modelo fundamentalmente basado en el negocio que ofrecen las residencias al uso. ¿Conoce usted, Yolanda, ese modelo?

    —No solo lo conozco sino que comparto y apoyo esos valores. Estoy al tanto de las innovaciones legales que gobiernos autonómicos, como el de esta comunidad en la que ahora estamos, están preparando para potenciarlos. No obstante queda todo un trayecto enorme por recorrer. La matria debe conseguir un modelo de sociedad con el ser humano y su calidad de vida como referente fundamental y la calidad de vida no es solo un asunto de tipo económico sino de cuidados y de apoyo mutuo como plantean esos modelos de cooperativas de viviendas colaborativas senior, por cierto que estoy tentada de integrarme en la cooperativa Ancoradoiro que se está formando en Vigo.

    Me dice esto último con ojos risueños e incluso he creído percibir un pequeño guiño de complicidad. Le hacen señas discretas pero claras a la señora ministra de que debemos terminar la entrevista y educadamente se despide de este modesto becario con sendos besos después de haberse colocado la mascarilla.

Tito Liviano

_________________

* La Carolina de la copla es nada menos que Carolina Otero, la Bella Otero, que actuó durante muchos años en París en el Folies Bergère, donde era la estrella con sus bailes sicalípticos que conseguían de los espectadores el “dalle ao rabo”.

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A pachas o a escote

    En los grupos y pandillas de amigos siempre llega el momento en que se plantean si van a pachas o a escote. La expresión a pachas implica que la ronda se paga a partes iguales, mientras que a escote cada uno paga lo que ha consumido. En los primeros encuentros después del confinamiento hemos tenido titubeos entre el sentimiento de culpa de quienes nos hemos tomado más cañas que otros y la sencillez de dividir la cuenta por el número de consumidores. Ir a pachas es costumbre en cuadrillas que van de txiquitos, puesto que la consumición de todos suele ser la misma o muy parecida. Sin embargo, es evidente que es injusta cuando las consumiciones son diferentes en precio, así que esto solo suele aceptarse en grupos muy unidos por lazos de amistad o familiares.

  Y es aquí donde entra uno de los debates de nuestra futura convivencia. Hay acuerdo mayoritario o unánime en que nos planteamos que tendremos una comida común, en la que pueden coexistir varios tipos de dieta. Esto supone un suministro de víveres centralizado para este fin, probablemente gestionado por el personal de cocina y la comisión correspondiente. El debate, suscitado en nuestras quedadas veraniegas de los martes, es si ese suministro —claramente a pachas— puede ser ampliado a otro tipo de productos de uso común, como los que pueden componer un desayuno básico, el pan para la cena, café o infusiones, bebidas frías, etcétera, lo que simplificaría la compra y distribución de productos que no representen mucho coste y cuyo consumo sea similar para todos. La lista de estos artículos se acordaría entre todos, se pagarían del presupuesto común para alimentos y cada persona podría disponer libremente de ellos, siempre y cuando no se aprecie un abuso, en cuyo caso tendría que intervenir la comisión de conflictos.

    Tema menor, si se quiere, muy propio de la charla relajada en las terrazas de verano, pero que preludia otros debates de fondo sobre el tipo de comunidad que queremos. A veces nos referimos a nuestro proyecto como convivencia entre amigos, como una familia e incluso como una historia de amor entre cincuenta personas. Si esto fuera así, parecería lógico ir a pachas. Sin embargo, es evidente que todavía queda un largo recorrido para llegar a ese punto y que, incluso habiendo llegado, esa opción podría no ser la mayoritaria.

    Mientras tanto, nos atendremos al llamado dilema del erizo, que formuló Schopenhauer:

“En un día muy frío, un grupo de erizos que se encuentran cerca sienten simultáneamente una gran necesidad de calor. Para satisfacer su necesidad, buscan la proximidad corporal de los otros, pero cuanto más se acercan, más dolor causan las púas del cuerpo

del erizo vecino. Sin embargo, debido a que el alejarse va acompañado de la sensación de frío, se ven obligados a ir cambiando la distancia hasta que encuentran el grado óptimo de aproximación, el más tolerable”

   Lograr ese equilibrio entre lo privado y lo común será cuestión de múltiples tentativas, pero estoy seguro de que podemos conseguirlo.

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Elogio de la lentitud

Lento en la bici

me adelanta el paisaje

cuando me paro.

   En los días del largo verano de los jubilados, ese verano que nos acerca a nuestra ya lejana infancia en la que las vacaciones eran casi eternas, disfruto en Herreros de Jamuz (León) con una bicicleta Orbea que casi tiene los mismos años que yo, quizás por eso nos llevamos tan bien, no se encabrita ni se pone levantisca y la puedo ateclar cuando se desajusta ligeramente. No tiene cambios de marcha ni piñones, sólo responde al ímpetu de las piernas.

    Es una bicicleta apropiada totalmente para pasear y saborear el placer de ver discurrir ante mis ojos el paisaje hermoso y sosegado del valle del Jamuz.

    La bicicleta me la ha prestado una amiga de Avelina, Visitación, aquí en el  pueblo la Visi, por lo tanto podríamos decir que lo que me ha prestado ha sido una visicleta.

   Monto en la visicleta sin disfrazarme de ciclista, una camiseta de algodón muy usada y una camisa y pantalón de tela ligera, las zapatillas atadas y el casco por precaución y por miedo a las multas de la Benemérita, sujeto mis pantalones abajo con unos aros de aluminio para que no se enganchen en los pedales. No me gusta asustar al paisaje con vestimenta de colores chillones prefiero armonizar con él, este paisaje leonés tiene ropajes antiguos, austeros que han permanecido con muy pocos cambios durante siglos.

   Recorro las carreteras comarcales a veces silbando, saludando, como debe ser, a los lugareños que ya deben tener por costumbre verme pasar de camino a los pueblos cercanos, a Quintana y Congosto, Palacios de Jamuz, Quintanilla de Flórez, Torneros de Jamuz o Tabuyuelo, lentamente, disfrutando de todo lo que veo: el arbolado con lo que en estas tierras llaman negrillos y paleras, encinas, robles y chopos; con los pajarillos: gorriones claro pero también abubillas, carboneros, vencejos y golondrinas; me gustan los olores a yerbas aromáticas, a alfalfa recién cortada que yo creo que se aprecian mucho mejor con el ritmo pausado de la visicleta… En eso de la rapidez difiero de lo que proponía mi admirado Italo Calvino en sus Seis propuestas para el próximo milenio, yo no admiro la velocidad y tampoco creo ser más productivo si voy rápido, aunque Don Italo se refería, pienso yo, más bien a la velocidad en la narración que no en los paseos.

    El ritmo de paso de las imágenes cuando vas en visicleta te permite verlas en toda su dimensión y con toda su escenografía te incitan a pararte, a bajar de la visicleta y observarlas atentamente y cuando lo crees necesario a sacar tu móvil de la mochila y hacer algunas fotografías que reforzarán tus recuerdos.

    Puedes coger unos juncos para luego colocarlos en un jarrón o florero. Es un placer oír saltar a las ranas cuando pasas y oír a una tras otra ¡chof! cuando caen en el agua y recuerdas entonces el haiku de Matsuo Bashõ que tanto te gusta: “Un viejo estanque/se zambulle una rana/ruido en el agua.” 

    El ritual que he establecido me permite aliviar mi sed en la fuente de Quintanilla de Flórez, aún en lo más tórrido del verano el agua es fresca, recuerda la frescura de aquella frase de Cervantes: “bebí un vidrio de agua fresca”, yo bebo directamente de mis manos que también agradecen el frescor del agua para compensar la fatiga de sujetar el manillar de la visicleta.

    A la vuelta ya aprieta más el calor pero en la visicleta se nota menos, el aire que produces al desplazarte aminora el calor y te refresca.

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Las Crisálidas en Morillo de Tou

  Tras un año sin poder acercarnos personalmente todo lo que nos hubiera gustado: darnos abrazos, ver nuestras sonrisas, estar más cerca en definitiva, llegó el momento de nuestra primera escapada juntas.

   Todas estábamos ansiosas por ver cómo serían esos días y tras el trabajo de Pepa por ir a Orihuela del Tremedal (que nos queda pendiente), nos vimos obligadas debido a la pandemia, a cambiar la ubicación y nos fuimos al Sobrarbe, tierra sin duda con solera y muy hermosa, en concreto a Morillo de Tou, al lado de Ainsa y a orillas del Embalse de Mediano.

   No fuimos todas, era difícil, pero estuvo bien juntarnos 33 Crisálidas, algunas solamente el fin de semana.

   Durante cinco días hemos compaginado naturaleza, gastronomía, danzas, tertulias, pequeños paseos y sobre todo, hemos tenido la suerte de poder estar más tiempo juntas.    Dispersas en un pequeño poblado, unas en bungalows, otras en apartamentos o en pequeñas casas, hemos imaginado cómo sería nuestra vida en ese sueño que todas albergamos dentro y creo no equivocarme al pensar, que nos hemos sentido unidas y bastante felices en el roce diario.

   Cada comida era un descubrimiento: Íbamos conociendo cuántos hijos tenemos o no tenemos, cómo fue nuestra infancia, qué nos gusta hacer, cuáles son nuestros platos preferidos…

   Aquellas que tuvimos la suerte de compartir apartamento, vivimos los susurros de la noche, escuchando los ecos de otros tiempos, siempre interesantes y que nos va dando idea de las personas que están a nuestro lado.

  También hubo tiempo para que Javier nos planteara dónde está el límite de la tolerancia o Alfredo nos hiciera pensar sobre nuestras certezas y creencias.

 Hubo pequeños regalos simbólicos para disfrutar de la generosidad y de unas danzas armonizadas por el grupo de danzarinas que tenemos la suerte de tener entre nosotras.      

Los pequeños paseos por Alquézar, Tella o Pineta, nos reencontró con la naturaleza y eso siempre nos hace más humanas. El Pirineo y Prepirineo siempre es un regalo y en primavera está precioso.    

 De la mano de Alicia pudimos saber cómo se impulsó y cuánto tiempo costó hacer algo tan especial como el complejo de Morillo. Su biblioteca, sus salones y sobre todo los recuerdos del pueblo reconstruido por muchos voluntarios, nos hicieron también partícipes de todo el esfuerzo para conseguirlo. ¡¡Mil gracias, Alicia, por la emoción que nos transmitías al contarlo!!!       

En definitiva, creo que han sido unos días estupendos, donde ha habido armonía y sin duda será un bonito recuerdo para las Crisálidas cuando hagamos balance de esta primera andadura.      

Era un pequeño reto, ojalá todos nuestros retos sean tan gratificantes como éste.    

 Para acabar, y recordando nuestro último día con la visita a la bodega Enate, me gustaría brindar por nuestro futuro:    

 «El mejor vino no es necesariamente el más caro, sino el que se comparte»

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El espíritu de Morillo

Cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti.

Nietzsche

   No era precisamente un abismo, tampoco vamos a exagerar. Quizá solo una grieta, pero era algo que podía separarnos. Y tuvimos miedo.

    Discrepancias sobre la forma de organizar la asociación se enarbolaron como banderas, se empezaron a oír tambores de guerra. Pero la tropa fue más razonable que sus capitanes y pidió paz y concordia. Hubo negociaciones, pero las espadas seguían en alto cuando se declaró la tregua.

    No creo que tuviera relación, pero nuestras ganas de salir del confinamiento y pasar unos días juntos habían puesto en marcha a la activa Pepa, quien propuso unas jornadas de convivencia en Orihuela del Tremedal. Ya se habían anunciado cuando la residencia en la que iban a celebrarse avisó de que no abriría hasta julio. Rápidamente se pensó en una alternativa: Morillo de Tou, ese bonito pueblo del Sobrarbe rehabilitado por los trabajadores de un sindicato.

    El eficiente grupo organizador elaboró un programa y coordinó viajes, estancias, reservas y actividades. Y allí fuimos, dejando a un lado las diferencias de criterio y procurando buscar lo que nos une.    De lo que allí ocurrió han dado cuenta los grupos de wasap con múltiples fotos, vídeos y mensajes que acreditan un ambiente de grata convivencia y amistad.

    Pero fue en el merendero de Enate, ante una mesa bien surtida y bien regada, ante un horizonte montañoso y un cielo azulísimo decorado de preciosas nubes cuando, entre risas y bailes, tuvimos la revelación de que el acuerdo era no solo necesario, sino también posible.

   Podíamos pensar que todo era efecto del vino del Somontano, pero ya de vuelta en Zaragoza el espíritu de Morillo persistió y el acuerdo se ha hecho realidad.

    En septiembre tendremos un borrador de reforma de estatutos de la asociación que votaremos en asamblea y a partir de ahí iniciaremos una nueva fase de mayor compromiso, con la constitución de la cooperativa, la adquisición de suelo y la construcción de nuestro proyecto. 

   Tal vez surjan nuevas discrepancias y tensiones, pero no debemos tener miedo. Ahora sabemos que siempre podremos invocar el espíritu de Morillo.

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Cuál fue el escenario elegido para el primer encuentro grupal fuera de nuestro entorno

   Nuestro primer objetivo no era un viaje de entretenimiento “per se”, sino de comunicación y crecimiento personal y grupal.      

Se buscaban beneficios para el grupo de Las Crisálidas: una rica oportunidad de intercambio y relación humana, una experiencia grupal que generase cohesión y nos permitiese elevar la estima de cada uno facilitándonos el abrirnos a los otros.    

 Se buscó un lugar que facilitase ese encuentro, un lugar rodeado de parajes naturales que fuesen escenario de nuestra relación interpersonal, grupal, y con el medio. En esta ocasión no pudo ser Orihuela del Tremedal, y una segunda opción fue acertada, un pueblo de la Confederación Hidrográfica del Ebro rehabilitado por CC.OO. para Centro de Vacaciones en el mismo Pirineo, Morillo de Tou (Aínsa).      

Los elementos propiciaron nuestros objetivos: un lugar recogido, sin muchas distracciones, en contacto con la naturaleza, el silencio, el agua, y próximo a parajes de alto valor paisajístico: el río Vero en la Sierra de Guara, las sendas horadadas en las paredes verticales del Estrecho del Entremón, el Circo de Pineta y las panorámicas pirenaicas desde el mirador de Tella. Paseamos por poblaciones históricas que han pasado por intensos procesos de rehabilitación: Alquézar, Aínsa, Bielsa, Ligüerre de Cinca y Morillo de Tou.      

Hasta la gastronomía local, y la no tan local, nos hizo honor, con buenos productos como el jabalí y la degustación de los vinos del Somontano en Bodegas del Somontano (Enate).      

Hemos tenido descanso reparador, actividad física al aire libre, buenos alimentos, pequeñas dosis de reflexión intelectual y ratos de creatividad, juego y expresión corporal.      

El lugar ha influido en nuestras emociones y en favorecer un comportamiento comunitario. Nos hemos identificado con el espacio tanto para disfrutarlo como para cuidarlo de forma responsable.    

 En Morillo de Tou conocimos de su inicio “utópico”, de su experiencia, del trabajo colectivo y solidario de una Organización para la recuperación de unas infraestructuras, las brigadas de trabajo, y de sus proyectos sociales y económicos como las Escuelas Taller, turismo social, colonias, etc.. Cómo en Morillo de Tou, piedra a piedra, metro a metro, con las aportaciones de cada uno de nosotros, con el trabajo del equipo de Las Crisálidas, vamos a conseguir hacer realidad un proyecto integral de convivencia y cuidados mutuos

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Suceso en Ligüerre de Cinca

 

 Los ancianos de Ligüerre
 se han vuelto de armas tomar
 para beberse una Fanta
 asaltaron el lugar 

Nuestro corresponsal en la zona, —El Boletín va tomando cuerpo y especialistas— nos envía una crónica de un hecho sorprendente. Parece que en el Resort Bodas de Ligüerre ocurrió un incidente insólito el pasado domingo sobre las ocho de la tarde. Pasamos a reproducir su relato pergeñado después de haber entrevistado a algunos de sus protagonistas.


Ayer domingo día 20 de junio de 2021, ya al final de la tarde, unos ancianos, según algunos ocho y cotejadas otras fuentes nueve, después de haber caminado admirando la belleza del pueblo y de las vistas del pantano, con el pretexto de que tenían sed obtuvieron por sus propios medios el remedio, ejerciendo lo que en antiguos términos revolucionarios se llamaba la acción directa, se apropiaron primero de un par de Fantas y alguna botella de agua mineral.      

Esta primera acción fue encabezada por una belicosa anciana apodada La avispa roya. En una subsiguiente acción la avispa roya consiguió el apoyo inmediato de otro anciano apodado Pasos tartajeantes, quien fue sorprendido e interpelado por el encargado del local cuando llevaba en sus manos el botín consistente en cuatro botellas de agua mineral con gas marca Lunares.      

En un primer momento, el encargado del Resort Bodas, con un delicado acento argentino emprendió un fuerte alegato en favor de la propiedad privada y acusando a los dos ancianos de allanamiento de morada y de haber accedido empleando la fuerza o entrando por la ventana. No sabía el pobre con quienes se la estaba jugando, los ancianos comenzaron a argumentar que en su ánimo estaba haber dejado el dinero para cubrir el gasto de sus consumiciones y que habían entrado a pie enjuto por la puerta automática que les había invitado a entrar en cuanto que se aproximaron.      

Después de argumentaciones en pro y en contra, parece que al pobre encargado lo que más le pesaba es que lo habían despertado de una larga y placentera siesta, no solo llegaron a un acuerdo sino que el argentino encargado fue a por unos vasos con hielo y un abridor, los ancianos pretendían abrir las botellas a mordiscos, no sabemos si con los dientes o con sendos cuchillos de punta con que se habían pertrechado. Pagaron los ancianos la consumición, aunque quedaron con la duda de si el dinero habría ido a la caja del establecimiento o a los bolsillos privados del encargado argentino.      

Entre risas y chanzas La avispa roya y Pasos tartajeantes aún tuvieron fuerzas y humor para recordar lemas como “la propiedad es el robo” o “ni Dios ni amo” y es que algunos ancianos son tercos y contumaces.  

El corresponsal de El Boletín en la zona, Tito Liviano.

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Rivas se atreve

El Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid, a través de la Empresa Municipal de Vivienda, ha convocado concurso para la selección de iniciativas que lleven a cabo el proyecto de construcción de viviendas colaborativas en suelo dotacional de propiedad municipal mediante constitución de derecho de superficie por 75 años.

Es una buena noticia que un ayuntamiento reconozca el interés social de las iniciativas de vivienda colaborativa. Os invitamos a leer las bases de la convocatoria y a seguir con interés el desarrollo de la misma.

Página de Cohabita Rivas

Bases de la convocatoria de proyectos de cohousing

Lleno en el Salón de Actos Edificio Atrio en la presentación del programa Cohabita Rivas. Fotografía: Pedro del Cura vía Twitter, 8-2-2019
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La tolerancia y sus límites

“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo”  

Stephen G. Tallentyre, pseudónimo de Evelyn Beatrice Hall (atribuida a Voltaire)

Aunque el concepto fue acuñado y desarrollado por los filósofos de la ilustración, fundamentalmente por John Locke y Voltaire, en lo que llamamos el pensamiento posmoderno se hace continuamente referencia a la necesidad de ser tolerantes con las diferencias que nos separan de la manera de ser de los demás, es un pensamiento loable en principio. Sin embargo, también hemos de tener en cuenta la necesidad de ser intolerantes con aquello que conculca los derechos y las libertades del conjunto de la población. Es lo que se ha dado en llamar la paradoja de la tolerancia, que se expresaría más o menos así: Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto con ellos, de la tolerancia.      

Entonces ¿ante qué debemos ser intolerantes? En principio ante la propia intolerancia y también ante todo aquello que atenta contra los derechos humanos, la salud, la democracia o las libertades. Y también, claro está, debemos ser intolerantes ante la homofobia, el machismo, el fascismo, la violencia en general y específicamente ante la violencia contra la mujer.      

Seguramente os estaréis preguntando, a estas alturas del texto, a qué viene esta reflexión sobre la tolerancia y sus límites. La respuesta está en las reflexiones que en mi grupo de debate y reflexión, el grupo 3 de Las Crisálidas, se produjeron en una de sus sesiones. Nos preocuparon específicamente los problemas que se crean con algunos negacionismos que pueden afectar a la salud y la convivencia de nuestra futura cooperativa de vivienda colaborativa. Evidentemente hay negacionismos que sólo son un peligro para los propios defensores de ese negacionismo, por ejemplo los terraplanistas o los creacionistas. No son un problema para la convivencia aunque sean un sinsentido en lo cognitivo. Pero sí que es un problema para la convivencia del grupo el negacionismo antivacunas en una comunidad cuyo objetivo es el cuidado mutuo.      

En mi opinión, la plena vacunación de todos los miembros de la comunidad es un elemento de protección indispensable, por lo que habrá que dejar bien claro —bien en los estatutos o bien en el reglamento de régimen interior de la cooperativa— que nos regiremos en los aspectos que tengan que ver con la salud por lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud y por el Ministerio de Sanidad de nuestro país y que estas recomendaciones deberán ser de obligado cumplimiento.      

No puedo ser de ninguna forma tibio en mis reflexiones sobre este asunto ya que a mí, antes siquiera de cumplir un año, me atacó el virus de la polio al igual que a unas 300.000 personas de mi generación, de las que tres mil de ellas murieron. En todo el mundo desarrollado hacían vacunaciones masivas, pero en España el franquismo tardó casi diez años en hacer lo mismo, aunque la vacuna era muy barata. Recordemos también cómo las vacunas acabaron con la tuberculosis (en este caso de origen bacteriano), la viruela, el sarampión, la fiebre amarilla, la gripe española, etc… y ahora el coronavirus. Nos vacunamos por dos motivos: para protegernos y para proteger a todos los demás. Cuando la mayoría de personas están vacunadas, aquellas que no lo están se protegen también. Es lo que se conoce como inmunidad de grupo.      

Para terminar, ya la reflexión va un poco larga, diría que debemos ser tolerantes con todo lo que no atente contra nuestra salud, nuestra integridad física y contra los derechos humanos y las libertades.      A mí no me gustan las canciones de Julio Iglesias, pero defendería con mi vida tu derecho a escucharlas o cantarlas (eso sí en voz baja, por favor).

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