Suceso en Ligüerre de Cinca

 

 Los ancianos de Ligüerre
 se han vuelto de armas tomar
 para beberse una Fanta
 asaltaron el lugar 

Nuestro corresponsal en la zona, —El Boletín va tomando cuerpo y especialistas— nos envía una crónica de un hecho sorprendente. Parece que en el Resort Bodas de Ligüerre ocurrió un incidente insólito el pasado domingo sobre las ocho de la tarde. Pasamos a reproducir su relato pergeñado después de haber entrevistado a algunos de sus protagonistas.


Ayer domingo día 20 de junio de 2021, ya al final de la tarde, unos ancianos, según algunos ocho y cotejadas otras fuentes nueve, después de haber caminado admirando la belleza del pueblo y de las vistas del pantano, con el pretexto de que tenían sed obtuvieron por sus propios medios el remedio, ejerciendo lo que en antiguos términos revolucionarios se llamaba la acción directa, se apropiaron primero de un par de Fantas y alguna botella de agua mineral.      

Esta primera acción fue encabezada por una belicosa anciana apodada La avispa roya. En una subsiguiente acción la avispa roya consiguió el apoyo inmediato de otro anciano apodado Pasos tartajeantes, quien fue sorprendido e interpelado por el encargado del local cuando llevaba en sus manos el botín consistente en cuatro botellas de agua mineral con gas marca Lunares.      

En un primer momento, el encargado del Resort Bodas, con un delicado acento argentino emprendió un fuerte alegato en favor de la propiedad privada y acusando a los dos ancianos de allanamiento de morada y de haber accedido empleando la fuerza o entrando por la ventana. No sabía el pobre con quienes se la estaba jugando, los ancianos comenzaron a argumentar que en su ánimo estaba haber dejado el dinero para cubrir el gasto de sus consumiciones y que habían entrado a pie enjuto por la puerta automática que les había invitado a entrar en cuanto que se aproximaron.      

Después de argumentaciones en pro y en contra, parece que al pobre encargado lo que más le pesaba es que lo habían despertado de una larga y placentera siesta, no solo llegaron a un acuerdo sino que el argentino encargado fue a por unos vasos con hielo y un abridor, los ancianos pretendían abrir las botellas a mordiscos, no sabemos si con los dientes o con sendos cuchillos de punta con que se habían pertrechado. Pagaron los ancianos la consumición, aunque quedaron con la duda de si el dinero habría ido a la caja del establecimiento o a los bolsillos privados del encargado argentino.      

Entre risas y chanzas La avispa roya y Pasos tartajeantes aún tuvieron fuerzas y humor para recordar lemas como “la propiedad es el robo” o “ni Dios ni amo” y es que algunos ancianos son tercos y contumaces.  

El corresponsal de El Boletín en la zona, Tito Liviano.

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Rivas se atreve

El Ayuntamiento de Rivas Vaciamadrid, a través de la Empresa Municipal de Vivienda, ha convocado concurso para la selección de iniciativas que lleven a cabo el proyecto de construcción de viviendas colaborativas en suelo dotacional de propiedad municipal mediante constitución de derecho de superficie por 75 años.

Es una buena noticia que un ayuntamiento reconozca el interés social de las iniciativas de vivienda colaborativa. Os invitamos a leer las bases de la convocatoria y a seguir con interés el desarrollo de la misma.

Página de Cohabita Rivas

Bases de la convocatoria de proyectos de cohousing

Lleno en el Salón de Actos Edificio Atrio en la presentación del programa Cohabita Rivas. Fotografía: Pedro del Cura vía Twitter, 8-2-2019
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La tolerancia y sus límites

“No estoy de acuerdo con lo que dices, pero defendería con mi vida tu derecho a expresarlo”  

Stephen G. Tallentyre, pseudónimo de Evelyn Beatrice Hall (atribuida a Voltaire)

Aunque el concepto fue acuñado y desarrollado por los filósofos de la ilustración, fundamentalmente por John Locke y Voltaire, en lo que llamamos el pensamiento posmoderno se hace continuamente referencia a la necesidad de ser tolerantes con las diferencias que nos separan de la manera de ser de los demás, es un pensamiento loable en principio. Sin embargo, también hemos de tener en cuenta la necesidad de ser intolerantes con aquello que conculca los derechos y las libertades del conjunto de la población. Es lo que se ha dado en llamar la paradoja de la tolerancia, que se expresaría más o menos así: Si extendemos la tolerancia ilimitada aun a aquellos que son intolerantes; si no nos hallamos preparados para defender una sociedad tolerante contra las tropelías de los intolerantes, el resultado será la destrucción de los tolerantes y, junto con ellos, de la tolerancia.      

Entonces ¿ante qué debemos ser intolerantes? En principio ante la propia intolerancia y también ante todo aquello que atenta contra los derechos humanos, la salud, la democracia o las libertades. Y también, claro está, debemos ser intolerantes ante la homofobia, el machismo, el fascismo, la violencia en general y específicamente ante la violencia contra la mujer.      

Seguramente os estaréis preguntando, a estas alturas del texto, a qué viene esta reflexión sobre la tolerancia y sus límites. La respuesta está en las reflexiones que en mi grupo de debate y reflexión, el grupo 3 de Las Crisálidas, se produjeron en una de sus sesiones. Nos preocuparon específicamente los problemas que se crean con algunos negacionismos que pueden afectar a la salud y la convivencia de nuestra futura cooperativa de vivienda colaborativa. Evidentemente hay negacionismos que sólo son un peligro para los propios defensores de ese negacionismo, por ejemplo los terraplanistas o los creacionistas. No son un problema para la convivencia aunque sean un sinsentido en lo cognitivo. Pero sí que es un problema para la convivencia del grupo el negacionismo antivacunas en una comunidad cuyo objetivo es el cuidado mutuo.      

En mi opinión, la plena vacunación de todos los miembros de la comunidad es un elemento de protección indispensable, por lo que habrá que dejar bien claro —bien en los estatutos o bien en el reglamento de régimen interior de la cooperativa— que nos regiremos en los aspectos que tengan que ver con la salud por lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud y por el Ministerio de Sanidad de nuestro país y que estas recomendaciones deberán ser de obligado cumplimiento.      

No puedo ser de ninguna forma tibio en mis reflexiones sobre este asunto ya que a mí, antes siquiera de cumplir un año, me atacó el virus de la polio al igual que a unas 300.000 personas de mi generación, de las que tres mil de ellas murieron. En todo el mundo desarrollado hacían vacunaciones masivas, pero en España el franquismo tardó casi diez años en hacer lo mismo, aunque la vacuna era muy barata. Recordemos también cómo las vacunas acabaron con la tuberculosis (en este caso de origen bacteriano), la viruela, el sarampión, la fiebre amarilla, la gripe española, etc… y ahora el coronavirus. Nos vacunamos por dos motivos: para protegernos y para proteger a todos los demás. Cuando la mayoría de personas están vacunadas, aquellas que no lo están se protegen también. Es lo que se conoce como inmunidad de grupo.      

Para terminar, ya la reflexión va un poco larga, diría que debemos ser tolerantes con todo lo que no atente contra nuestra salud, nuestra integridad física y contra los derechos humanos y las libertades.      A mí no me gustan las canciones de Julio Iglesias, pero defendería con mi vida tu derecho a escucharlas o cantarlas (eso sí en voz baja, por favor).

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Fiesta de cumpleaños

Acuarela de Javier Vicente

Me siento feliz, ha sido un día trepidante y lleno de emociones. He celebrado mi cumpleaños, 75 nada menos y qué bien lo he pasado con mis Crisálidas. Conocen mi amor por la montaña y que añoro no poder ir con la frecuencia de antaño, así que me han preparado una fiesta por todo lo alto: Han reunido a todos mis queridos trotamundos y ¡oh sorpresa!, cuando he bajado al comedor, ahí estaban cantando el cumpleaños feliz. Mis amigos de siempre y mis amigos de ahora. Todos juntos. Ha sido un momentazo y no he podido evitar unas lagrimillas de felicidad. ¡A veces la vida te sorprende con detalles!

Me acuerdo cuando empezó la idea de irnos a vivir juntos, el conocernos, nuestros recelos,  el saber como sería nuestro futuro, si seríamos tolerantes, si nos ayudaríamos, como sería nuestra vida en común… Han pasado catorce años y parece que fue ayer cuando preparábamos nuestras primeras jornadas en Morillo de Tou. Luego vinieron las jornadas en Murcia, las de Benasque, las de León y muchas más. 

Cuántas dudas al principio, y qué contenta de estar aquí. Costó encontrar este pueblecito; todo eran pegas y fue difícil hallar el equilibrio, pero ahora ya formamos parte de él y creo que nos aprecian los vecinos. La vista que tengo desde mi terraza es magnífica. Los árboles están crecidos y me paso mucho tiempo mirándolos. Cuido de mis plantas y creo que ellas también de mi.

Los debates que tenemos sobre lo divino y  lo humano a veces me agotan pero es muy gratificante que alguien te escuche y sobre todo no sentirme sola. Siempre hay alguien para poder conversar un rato. Me encanta cuando nos juntamos a ver una película y durante dos horas nos olvidamos de todo. Cuando tengo insomnio y miro si alguien tiene luz todavía  y llamo a su puerta y nos contamos batallitas. Cuando estoy pachucha y no me falta el café calentito por la mañana. Cuando tengo el día tonto y siempre hay alguien que me aguanta durante un rato porque sabe lo que es eso. Cuando…

Debería pensar en apagar ya la luz, mañana nos espera otro día emocionante. Como en  esta gran familia bullen tantas ideas, no hay ni un día de descanso. La última ha sido que a alguien se le ocurrió hermanarnos con un cohousing francés y mañana vienen a visitarnos. Hemos ensayado un recibimiento en francés y una danza. En fin, que me voy a dormir. A ver que se les ocurre para los 80 porque con lo que ha costado llegar hasta aquí y lo a gusto que estoy, tenemos celebraciones para rato.

¡Buenas noches, mundo!

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Sin miedo al cambio

Siempre podemos emprender otra vida. Sin miedo al cambio

 

También los que vivimos en pareja optamos, al menos algunos, por participar en proyectos ilusionantes como el de Las Crisálidas. ¿Qué nos mueve a ello si ya tenemos compañía? Hay otras cosas que nos motivan. Evidentemente cuando nos vamos haciendo mayores vamos dejando atrás aspectos de la vida que antes vertebraban nuestra actividad. En primer lugar el ámbito laboral, del que además conviene poner terreno de por medio ahora y saber que nos podemos dedicar a otros menesteres más gratificantes y placenteros. Se nos abren las puertas para hacer todas aquellas cosas que no hemos podido hacer en nuestra época de prioridades laborales. Quizás nos gustaría, por primera vez en mucho tiempo, hacer sólo lo que quisiéramos realmente hacer. Poder contestar como Bartleby: «Preferiría no hacerlo» ante propuestas o situaciones en las que no nos encontramos a gusto.      

También en el ámbito familiar las cosas han cambiado, nuestros hijos han levantado el vuelo y aunque seguimos vinculados afectivamente a ellos y a los nietos, si los tenemos, y por los que a menudo sentimos verdadera debilidad, vemos que necesitan su propio espacio y tomar sus propias decisiones. Decía Freud que para ser uno mismo hay que matar al padre, lo decía en sentido figurado o metafórico, es decir para poder afirmar nuestra personalidad es necesario romper las tutelas y las dependencias anteriores. Pues bien, algo así tenemos que hacer en nuestra situación de mayores, ser capaces de vivir por y para nosotros mismos, emprender un nuevo proyecto, reinventarnos y afirmarnos para disfrutar de un envejecimiento activo, sin trabas.      

En los proyectos de viviendas colaborativas senior suele haber una gran proporción, mayoritaria casi siempre, de personas que vivían solas por propia elección o por avatares de la vida: separaciones, divorcios, viudedades, etc. Pero como decíamos más arriba también para las parejas es muy atractivo compartir espacio, actividades, charlas, paseos, comidas… en una sola palabra, la vida, con otras personas que tienen parecidos intereses.      Las parejas solemos cuidarnos mutuamente pero también echamos en falta las amistades con otras personas que vivan cerca y que compartan con nosotros una vida activa e ilusionante, los placeres de las comidas y sobremesas bien conversadas, los paseos en grupo, los juegos de mesa, en fin la vida amigable.      

Además, sin que sea lo esencial, a los emparejados, de forma previsora, nos gusta pensar que, caso de que alguno de los dos falte, la otra parte de la pareja va a seguir teniendo alrededor apoyos, todo un colchón afectivo que le va a permitir superar esa ausencia mucho mejor.

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Tenemos que hablar (y bailar)

Me hicieron creer que los que somos altos y fuimos jóvenes desgalichados no tenemos gracia para bailar. No he tenido oportunidad de desmentirlo, así que yo soy más de hablar.   

Tenemos que hablar, sí. Mucho. Diréis que ya hemos hablado, que llevamos bastante tiempo dándole vueltas a nuestro proyecto. Es cierto, pero también es verdad que la comunicación ha sido mediada por la tecnología, fragmentada en grupos y recompuesta después. Ha habido acercamientos y tal vez alejamientos, paseos, confidencias, cervezas y cafés. Hemos hecho lo que hemos podido, dadas las circunstancias. Y lo hemos hecho razonablemente bien..  

Pero se abre una nueva etapa. Cabe esperar que la vacunación consiga doblegar la pandemia y podamos vernos cara a cara y que nuestra conversación empiece a concretarse en acuerdos firmes sobre los que edificar nuestra futura convivencia. Estamos concluyendo nuestra primera fase de formación y talleres de debate. Nos enfrentamos ahora al momento crucial de constituirnos en una cooperativa que, llegado el momento, pueda firmar la escritura de propiedad de un solar donde ubicarnos.  

A esa cooperativa nos uniremos aquellos que compartamos una idea de convivencia que deberá estar previamente plasmada en unos estatutos y una normativa de régimen interno. Para su redacción partiremos de lo trabajado hasta ahora y continuaremos contando con ayuda externa, si así se decide, pero el debate y las decisiones son nuestras.  

Tenemos que hablar, pues, y para ello proponemos la realización de lo que podríamos llamar tertulias-café y jornadas de convivencia (como la prevista en Morillo de Tou) en las que, de forma presencial y voluntaria, charlemos distendidamente sobre los temas que nos preocupan. Charlas y debates que solo tienen el objetivo de servir de base para la redacción de los proyectos de estatutos y reglamentos, los cuales tendremos que aprobar en la asamblea constituyente de la cooperativa.  

Que nadie tema, por tanto, que estos debates suplanten la decisión soberana de la asamblea. Y tampoco se sientan relegados quienes no puedan o, por precaución sanitaria, no quieran asistir a estas charlas. En todas ellas estaremos abiertos a la participación a través de nuestro boletín, de la web y, si es necesario, por correo electrónico o cualquier otro medio. Nadie debe quedarse al margen de la discusión, ni mucho menos de las decisiones vinculantes.

¿Y bailar? De mí no esperéis mucho más que un leve movimiento del pie al compás de la música mientras tomo un gin-tonic. Diréis que bailar sentado no es bailar y tendréis razón, pero en mi defensa quiero proponer el baile en un sentido más amplio. Bailar como todo aquello que no tiene que ver con la palabra. Bailar como risa, como guiño, como caricia. Abrazarse aunque no haya música. Comer, beber, pasear en silencio o diciendo tonterías. Danzar, vivir.

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Llegó la hora

  Después de habernos formado en las materias que parecían imprescindibles para tener un conocimiento formal de lo que afecta a un proyecto como el nuestro: socios, solares, construcción, economía… y de haber intentado conocernos a través de las actividades que se han podido realizar debido a las causas que todos sabemos y a las que, por razones de cada uno, no todos los socios de Las Crisálidas han asistido, llega el momento de dar el paso final.

   Estamos a las puertas de crear una cooperativa para generarnos un hogar, un lugar compartido donde vivir y seguir activos todos los años posibles, no dependiendo de nadie sino de nosotros mismos, gestionándonos nuestra vida, nuestros anhelos y nuestras ilusiones, acompañados de otras personas que quieren más o menos lo mismo que nosotros. Vamos a comenzar un nuevo reto, uno de los primeros en nuestra comunidad autónoma, si no el primero, y no estamos solos, nos tenemos los unos a los otros, vamos a hacer nuestros estatutos donde plasmaremos cómo queremos que sea nuestro próximo tramo de vida, eso que llaman la tercera edad.

   Será a partir de ahora cuando el esfuerzo que haremos será, además de todos los que ya hemos realizado, económico, habrá que aportar dinero para el capital social de la cooperativa, para la compra del suelo donde irá nuestro futuro hogar, para los gastos que todo ello conlleva… Y, junto con la localización del solar, será el punto final para algunos de nosotros. Esto no debería desanimar al resto (los que continúen), el que algunos se vayan es algo que no se puede evitar. Además, con la concreción del proyecto el interés por unirse a él aumentará e incluso, ojalá, haya que hacer una nueva cooperativa para dar cabida a todas esas personas

    Ahora, más que nunca, va a ser necesaria la colaboración de todos, aportando ideas, aplicando filosofías de vida, provocando debates, aclarando conceptos, etc. etc. Y habrá que hacer asambleas, en cuanto se pueda, hay que votar para aprobar muchas cosas, previa discusión y deliberación, por supuesto.

    Llegó la hora de pasar a la acción. Vamos a hacer realidad el proyecto “Las Crisálidas”.

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Configurando mi futuro

 ¿Cómo quiero vivir mi mayoría de edad?    

No sé cómo, pero me encuentro en el principio de una mayoría de edad.    

La definitiva.   

Ahora recuerdo lo que me dijo una vez mi padre: ese señor mayor que me devuelve la imagen en el espejo, no soy yo.   

Es lo mismo que veo ahora en mi espejo, porque me siento joven y con ganas de hacer cosas nuevas, diferentes, liberada ya de las obligaciones de la vida. Ahora empezamos la vida de aquel futuro que veíamos tan lejano desde la niñez y la juventud desde la que nos vemos inmortales, una vida de estudio, trabajo, y por fin ¡la jubilación!   

Una vida en la que todo es nuevo y raro en la que no tengo horario y hago lo que quiero y a la hora que quiero, luego me voy organizando para hacer deporte, viajes (fuera de las fechas obligadas de vacaciones) montaña. Cocina, tertulias literarias, danzas, todo lo que me gusta.   

Pero… tengo que pensar en mi futuro próximo.   

¿Sola? Estoy bien y tengo una vida plena con diferentes actividades que me llenan y con la gente que me gusta estar y compartir, pero a la larga la soledad ¿Cómo la viviré?Si pudiera vivir en comunidad con personas de mi edad con las que compartir y colaborar para seguir aprendiendo y enriquecernos mutuamente ¡es complicado!   

¿Me gustará volver a convivir con alguien?   

Si pudiera compaginar ratos de privacidad tan necesarios con una convivencia social, si es cerca de la ciudad donde vivo podría ir y venir siempre que necesite, aunque eso será durante algún tiempo mientras tenga ganas de hacerlo, de entrada da pereza otro cambio pero es la solución para tener ese tiempo bajo mi voluntad.   

¡Esa es la duda resuelta! Si vivo en un sitio en el que tengo todo lo que necesito y acompañada de personas como yo que saben lo que quieren vivir y cómo quieren hacerlo, tal vez no tenga esa necesidad de escape y mis dudas desaparezcan.   

¡Y aquí estoy! En un ilusionante proyecto de futuro inmediato en el que el viaje ya merece la pena.

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Después de los 50 años. Un plan para la última etapa de nuestra vida

Si tienes más de 50 años ya puedes “invertir tiempo” en otro Plan de Vida.   

Durante la juventud los estudios te preparan para la edad adulta y profesional, antes de la jubilación debería iniciarse otra etapa de aprendizaje si queremos ser personas idóneas para formar parte de comunidades de convivencia senior.   

Es un aprendizaje distinto, quizá más parecido al de la niñez, aunque fuera de la familia, con un grupo de convivencia intencional.   

Aprendemos: 

  •    A conocer a gente que quiere lo mismo
  •    A dialogar sobre nuestros sueños, y a crear uno común
  •    A participar y trabajar en equipo por ese sueño
  •    A convivir con amigos a partir del respeto, el cariño, la tolerancia y la ayuda  mutua.
  •    A convivir con menos cosas y devolver al planeta lo que nos presta: aire limpio, agua potable y tierra natural
  •    A convivir con capacidades sensoriales menores, incluso de forma más dependiente, pero con una gran experiencia que sirve al proyecto.
  •    A prepararse a aceptar las pérdidas y a no temer a la muerte
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Protocolo para alentar ideas

De pronto, inopinadamente me viene una idea al magín.

    —¿Y tú qué opinas?

    —¿Quién yo?

    —¿Quién va a ser si no? —le digo, amablemente.

    —Muy bien.

    —Quédate y habla conmigo, tomemos un cafelito mientras charlamos. No suelo recibir visitas vuestras, como mucho una al año.

    Ella, la idea, suspira incrédula, cabecea como con dudas acerca de aceptar o no pero finalmente, golosa, acepta la invitación y se sienta con algo de ceremonia en mi sillón orejero.

    La observo mientras voy y vengo de la cocina a la sala preparando la bandeja, las tacitas, el azúcar y unas pastas esperando a que salga el café.

    Es muy hermosa la idea, de piel trigueña, tiene aspecto distinguido y elegante, es una idea sugerente y hasta sensual diría yo. Va vestida con un traje chaqueta gris marengo y blusa blanca, calza en sus pies unos zapatos negros de medio tacón. Esta vez al menos voy a tener una idea interesante y resultona.

Acuarela del autor

    Cuando el borboteante murmullo de la cafetera anticipa que ya ha salido el café, voy a por él y lo sirvo en las tazas con mucho cuidado. Removemos el azúcar, bebemos los primeros sorbitos y se hace el silencio. Me he sentado, yo también, enfrente de ella y bebido mi café, tomo el recado de escribir y la estilográfica. Entonces, mientras ella perezosamente termina de tomarse el cafelito a pequeños sorbos y a degustar unas pastas de té  —las ideas y las opiniones suelen tender a la contradicción— la voy describiendo con precisión sin que se me olvide ninguno de sus rasgos, antes de que ella, satisfecha al fin, no sé muy bien si por mi descripción o por el cafelito con pastas, se arrellana en el sillón. Me mira con una sonrisa entre incitante y burlona. Me da la impresión de que está al cabo de la calle de lo que pienso como si estuviese instalada además de en el sillón también en mi cabeza. Para que tenga tiempo de asentarse mejor, le ofrezco un vino dulce y ella sin ningún empacho pregunta.

    —¿No tendrás un Pedro Ximénez?

    —Claro, ahora mismo le pongo una copita.

    Mientras voy al aparador para coger la copa y la botella, la observo por el rabillo del ojo, está sonriendo satisfecha estoy seguro de que piensa que me ha impresionado. Le sirvo una copa generosa y se la acerco. Ella la huele primero con delectación, tras haberla agitado ligeramente, y observa la lágrima del vino deslizándose en la copa antes de dar un sorbito. Creo que la idea y yo somos de la misma opinión al menos en lo que respecta al Pedro Ximénez. Le pregunto ya directamente sin ningún resquemor.

    —Y ¿ustedes las ideas dónde se encuentran cuando no están trabajando como ahora mismo?

    —Depende de las ideas, unas preferimos residir en la izquierda y otras en cambio en la derecha.

    —Ya, pero ¿la izquierda y la derecha de dónde?

    —Pues verás —ella me tutea con toda confianza— tenemos la libertad de residir donde más nos convenga, yo tengo querencia por Galicia que es lo más occidental de este país y suelo merodear en torno a Mondoñedo. ¿Conoces el pazo de San Isidro? Está en el Couto do Outeiro, junto a la calzada que llevaba hasta la Ponte do Pasatempo. Allí en el pazo me alojo en la lareira de la antigua servidumbre. Es un sitio muy adecuado para las opiniones enciclopedistas o ilustradas como yo. También allí en el pazo está enterrado el obispo Sarmiento que fue una de las más preclaras figuras de la ilustración gallega.

    Me doy cuenta enseguida de que estoy ante una idea de origen volteriano, no podía ser menos porque, en la siesta, estaba yo soñando a vueltas con la tolerancia, la intolerancia y el Tratado que escribió Voltaire. Por otra parte le encuentro un gran parecido con los grabados que conozco de Émilie du Châtelet, la marquesa que fue el gran amor de Voltaire, aquella mujer que acudía al café Gradot de París disfrada de hombre para poder discutir con los intelectuales ilustrados, pero también aquella mujer que supo atraer con sus encantos al intelectual más solicitado de su época. En fin, deben ser sugestiones de mi magín que anda algo alborotado con su visita y sus sonrisas.

     Se da cuenta de que yo también me he dado cuenta de quién es, sonríe y con ello parece aprobar lo que he escrito sobre ella, carraspea ligeramente antes de decir:

    —Pues me vas a disculpar pero tengo que marcharme, que hay otro opinador que está barruntando una idea diderotiana y es mi deber y mi deseo ayudarlo.

    —¿Puedo contar con que volverá usted a visitarme?

    —Si me sigues agasajando con café, pastas y Pedro Ximénez cuenta con ello, volveré otro rato.

    Se termina la copa, mientras yo también termino de describir la tolerancia y su contraria intolerancia, se levanta del sillón ágilmente con ademanes resueltos y haciendo en leve saludo desaparece.

    Quedo yo satisfecho con la visita de la idea y con lo que he escrito sobre ella, recogiendo las cosas y pensando cómo explicarle a Avelina que tenemos que comprar otra botellita de vino y que son las ideas quienes se las beben.

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