Mi viaje

  Mi nombre es Ana y nací en Sabiñánigo en la Navidad de 1958 cuando todavía se nacía en casa, la estufa de leña era la calefacción central y se vivía con los abuelos.

   Mi familia provenía de Ainielle por parte de mi padre y de Lárrede por parte de mi madre. Sus historias difíciles y duras, forjadas a base de trabajo y privaciones por la época que les tocó vivir, me impregnaron desde pequeña y marcaron mi carácter. Sus vidas siempre han sido el ejemplo que me ha servido para seguir adelante a pesar de los reveses de la vida. Siempre he sentido amor y reconocimiento por lo mucho o poco que me hayan podido dar, teniendo siempre presente su generosidad.

   Mi infancia la recuerdo entre los abuelos, tíos y mucha familia. La vida se centraba entre el colegio, los deberes y la vida y juegos en la calle. Con mi hermano, cuatro años mayor, conocí los primeros tebeos, pero siempre eché en falta tener muchos libros en casa. Eran otros tiempos…

   Los veranos calurosos e interminables los pasaba en Escuer con unos tíos donde se vivía entre las faenas del campo y el cuidado de animales. Era mi lugar de veraneo y yo disfrutaba correteando al aire libre pero también empecé a sentir la melancolía y soledad en esas horas de siesta que sí o sí tenías que hacer.

   Mi pueblo quizá no tiene nada de especial pero tiene como telón de fondo un paisaje envidiable que todavía hoy me emociona, llamado Pirineo. En esa primera época no supe ver lo que significaba, a veces no se valora lo que tienes a tu alrededor, pero me sirvió en todo caso para enraizarme con la montaña, sin duda con lo que más he disfrutado en mi vida.

   Tras hacer el bachiller, preparé unas oposiciones en Huesca de administrativa para Correos y aprobé. En aquel momento no era consciente pero me sirvió para poder hacer siempre una vida independiente. Mi primer destino fue Pamplona. Con 19 años empecé a trabajar y a despertar a una nueva vida que me hizo replantear muchas cosas. Fue una época emocionante y muy intensa en lo personal y conflictiva en la vida política. Estoy hablando de finales de los años 70. Esta etapa me sirvió para hacer mucho callo y, entre pelota y pelota de goma, también hice el COU.

   Me gustaba mucho la poesía, la filosofía, escribir, leer y fantasear. Trasladada a Zaragoza, me matriculé en Filosofía con un pensamiento un tanto romántico que no se ajustó a la realidad, así que no acabé la carrera. Me sigue gustando y sigo haciendo cursos en mi afán por dar algo de sentido al sinsentido, pero he de reconocer que lo tengo crudo.

   Llevo más de 40 años en Zaragoza, formé una familia y tuve a mi hija Silvia. No siempre las cosas salen bien pero me quedo con lo bueno. Tras una etapa viene otra y seguí viviendo…

Desde aquí, empecé a subir a la montaña cada vez con más frecuencia. Ahora ya para disfrutar de sus parajes, subir algunas cimas, compartir con mis amigos esos momentos mágicos que sientes al comer junto a un ibón o pisar las cimas nevadas que tantas emociones me producen.

   Además de disfrutar de la naturaleza, me encanta viajar y conocer personas y lugares diferentes, si puede ser de otras culturas mejor. Eso me hace sentir que no somos el centro ni el ejemplo de nada. También leer, escribir, cualquier cosa que me permita seguir aprendiendo.

   Los últimos 16 años los pasé en la Confederación Hidrográfica del Ebro con muy buenos recuerdos y compañeros, hasta cumplir los 60 años que pude jubilarme. Desde entonces intento disfrutar sin prisas de las pequeñas cosas como un desayuno, paseos o charlas con amigos intentando escapar del vértigo diario de querer estar y llegar a todo. Algunos días los dedico a cuidar de unos niños en una guardería y compruebo cómo una sonrisa compensa cualquier esfuerzo y que siempre recibes más de lo que das. También me he comprometido a trabajar más por nuestro proyecto.

   Una vida resumida en unas pocas frases, el resto está por escribir. Pienso mucho en cómo sería mi vida de haber nacido en una tribu de África, en una gran urbe como Tokio o en cualquier otro sitio… Me apasiona pensar en vivir otras vidas distintas. El estar en este grupo es una de las circunstancias en que he tenido la posibilidad de elegir. Dónde nacer o quién fue mi familia me vino de catálogo.

   Gracias a María, que conocí en un curso de escritura, estoy en Las Crisálidas, ya cooperativa. No sé hasta dónde llegaré, pero el momento es ilusionante porque estoy conociendo a personas estupendas y además creo que me ayuda para enfrentar la última etapa de la vida con una ilusión y fuerza que de otra forma se tornaría bastante gris. Siempre he querido volver a mi querido Pirineo, pero al menos de momento, prefiero elegir con quién vivir antes que dónde y es que, si algo he aprendido a lo largo del camino, es que la amistad y el cariño es lo que da algo de sentido a mi vida.

No te rindas, aún estas a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.

M. Benedetti

Ernesto Torcal

Nací en Madrid, donde viví hasta los 17 años, de padres aragoneses, en una familia económicamente acomodada en donde, sin despilfarro, mis cinco hermanos y yo siempre hemos tenido lo que realmente necesitábamos.

   Mi infancia la recuerdo feliz, tanto en Madrid como en los veranos que iba al pueblo de mi madre, en la ribera del Ebro, aguas abajo de Zaragoza. En aquellos años, mis tíos que vivían en el pueblo todavía no tenían hijos y me encantaba pasar temporadas con ellos. Los fines de semana bajaban mis tíos y primos que vivían en Zaragoza y nos juntábamos una buena cuadrilla. Mis abuelos maternos habían tenido 7 hijos y 24 nietos. Mi primera bicicleta me la compró mi abuelo a los ocho años.

   Estudié en Madrid, en los Escolapios, hasta los 14 años. Les planteé a mis padres que no quería seguir estudiando allí y 5º, 6º y Preu, los hice en el Instituto San Isidro de Madrid. Estamos hablando de finales de los 60 y principio de los 70, con todos los acontecimientos que ocurrieron en esos años en contra de la dictadura franquista.

  En el instituto me impliqué en el movimiento estudiantil, lo cual tuvo como consecuencia que con 17 años, en las navidades de 1970, el tristemente famoso Billy el Niño me detuviese en la boca del metro de Moncloa junto a otros dos compañeros. Tres días antes habían detenido a otro compañero en una manifestación, hecho que desconocíamos los tres, que habíamos quedado previamente ese día en ese lugar.

   Pasé diez días en los calabozos de la llamada D.G.S. en la Puerta del Sol (ahora sede de la Comunidad de Madrid), de donde salí el día 31 de diciembre hacia la cárcel de Carabanchel. Era finales de marzo de 1971. Entonces estaba en vigor el llamado estado de excepción, y te podían tener detenido por tiempo indefinido. No llegué a tener ningún tipo de juicio en el llamado Tribunal de Orden Público.

   Mi salida de Carabanchel fue “negociada” con mi padre, a condición de que me marchara de Madrid. Destino: Soria, donde tenía unos tíos.

   Allí estuve seis meses preparando los exámenes de Preu. Cuando volví a Madrid en septiembre para examinarme de un grupo que me había quedado pendiente en junio, una noche a las doce sonó el timbre de casa y dos personajes de la Brigada Político Social pusieron toda la casa patas arriba en busca de “propaganda subversiva”. No encontraron nada, pero nuevamente me llevaron a dormir cinco o seis días a los calabozos de la Puerta del Sol.

   Por este motivo, mis padres me mandaron con mi abuela a vivir y estudiar en Zaragoza en la Escuela de Ingeniería Técnica de Corona de Aragón, para ver si me dejaban tranquilo. Tras una fuerte discusión con mi padre, abandoné mis estudios a finales de curso, me puse a trabajar, me iindependicé y me fui a vivir con mi primera compañera.

  Desde entonces mi residencia ha sido Zaragoza, donde seguí defendiendo mis ideas, ya más ligadas al movimiento obrero.

   La dictadura todavía estaba en el poder, y por estar “rezando” en una iglesia, me volvieron a detener junto con más gente y durante varios días tuve que conocer los calabozos del Paseo de María Agustín. La cárcel de Torrero solo la conozco por fuera.

   En esos años, militando en un partido de izquierdas, conocí a nuestra compañera Ángela. Hacía muchísimos años que no nos habíamos vuelto a ver.

   Con 26 años tuve mi primer hijo. Entré a trabajar en una empresa grande, la Constitución ya estaba aprobada y mi actividad “política” fue bajando, aunque nunca he abandonado mis ideas y siempre he estado en un sindicato, con más o menos actividad.

   En la empresa, pronto empecé a promocionar y pasé por distintos puestos, lo cual supuso tener que vivir temporadas en otras ciudades.

   Participé en la creación de la Tertulia Albada con otros compañeros de la Escuela de Ingeniería Técnica. De la Tertulia siempre he sido socio, aunque mi presencia en los últimos 25 años ha sido muy escasa, pero siempre me agrada recibir el boletín mensual que publican, y poder participar en los miles de actos que han ido organizando en todos estos años aunque, en realidad, la mayoría solo han quedado en la intención. Allí conocí a nuestra compañera Pepa.

   Es posible que sea un poco inaguantable, porque me he divorciado dos veces, me he casado tres y tengo cuatro hijos de mis dos primeros matrimonios.

   A mis 53 años Telefónica me ofreció prejubilarme “voluntariamente”, tal como hacía con toda la plantilla al llegar a esa edad y, aunque económicamente deje de ganar parte de dinero, recuperé mucho tiempo libre para hacer muchas otras cosas. Nunca me he aburrido o pensado que no tenía nada que hacer.

   En mi prejubilación, me separé de mi segunda esposa. Me dediqué a estudiar y practicar distintas actividades (inglés, montañismo, domótica, bailes de salón…) y conocí a mi actual pareja, Lucía.

   Por otra parte, creo que soy una persona dialogante. Rechazo las personas sectarias y dogmáticas, no me importa poner en tela de juicio mis ideas e intentar comprender la idea de los demás, para intentar sacar conclusiones constructivas.

   Siempre he tenido en la cabeza la idea de que, sobre todo en la etapa senior de nuestra vida, había que tener otras formas de vivir. Pero esto estaba aparcado en algún lugar de la cabeza, sin darme cuenta de que el DNI cada vez era más viejo.

   Gracias a que mi cuñada Clara me comentó la idea de acudir a una reunión con una asociación llamada Las Crisálidas, os he ido conociendo y dando forma a las ideas que tenía aparcadas en mi cabeza.

   Espero que, mientras tenga fuerzas, poder desarrollar y disfrutar de esta forma de convivencia, desarrollo y ayuda mutua en el marco del cohousing.

El viaje de Lola

Yo de pequeñita pensaba que no sabía cómo funcionaba el mundo, así que leía y leía esperando encontrar respuestas. Mis padres eran inmigrantes que tan apenas habían ido a la escuela, marcados a fuego por la guerra civil. La atmósfera que se respiraba en casa era asfixiante, tenían mucho miedo de todo e ignoraban casi todo también. Aun así, quisieron darme la mejor educación que pudieron, es decir unos colegios de monjas. El primero fue terrible: represor, castigos y mucha ignorancia. El segundo, menos mal, era progre y mucho más caro. Mi madre quiso siempre que sus hijas fueran libres, así que no tenía ningún interés en que aprendiéramos a llevar una casa, bordar, o tareas similares. Yo era buena estudiante, destacaba en dibujo y lectura.

   De jovencita mis asignaturas preferidas eran la literatura y la física. Era un poco rarita. Al final venció la primera y he necesitado estar en contacto y utilizar medios de expresión como la fotografía, el dibujo, la pintura y la escritura como acompañantes en el viaje de la vida y en el intento de comprender cómo funciona el mundo y yo misma, pero me faltaban códigos y mapa.

   Tuve la opción de estudiar —lo cual agradezco— pero hasta un punto: el que consideraba mi padre que era suficiente. No entendía que la hija de un obrero pudiera ir a la universidad, así que tuve que trabajar (aprobé unas oposiciones) y estudiar (Literatura Española) y no solo eso: tenía tantas ganas de todo que comencé a salir y trasnochar. Claro que mi padre ya no podía decirme nada: yo había comprado mi libertad. Pobre hombre y familia, lo llevé al límite de su paciencia.

 He viajado a muchos lugares lejanos por mi cuenta (en casa ni se enteraban), otra de mis pasiones desde que pude pagármelos.

   Siempre he pertenecido a distintas asociaciones de la ciudad: culturales, trotamundos, grupos de montaña y esquí, e internacionales.

   Y cuando llegó la maternidad, aparqué durante un tiempo mis inquietudes, dejando solo la pintura. Era el viaje más deseado y tierno, y una de mis mejores aventuras. Tuve que viajar y vivir en el extranjero para poder traer a mi pequeño.

   El viaje de la vida continuaba y yo seguía sin saber bien cómo funcionaba el mundo y yo misma, así que después de múltiples actividades hacia el exterior, comencé un viaje largo hacia mi interior, que resultó ser determinante para la persona que soy ahora. Mi segunda aventura, otro viaje sin mapa, intenso y satisfactorio, después de la de mi hijo. Me hubiera gustado haber empezado al revés en mi vida, hubiera sido otra, o tal vez la misma, pero lo importante en vez de qué es lo que se vive, es el cómo, y eso si hubiera sido diferente.

Marian Marqueta

   Nací un 10 de abril del siglo pasado y soy la menor de tres hermanos.

   Toda mi familia es de Zaragoza, de una ciudad en la que al salir del colegio Íbamos a jugar a la calle con nuestro pan con chocolate.

   Infancia triste marcada por la prematura muerte de mi madre.

Estudié en Santo Tomás de Aquino, por aquel entonces colegio liberal y laico pero aún así recuerdo el mes de mayo rezando a la Virgen más que estudiando. Terminé el bachillerato en la academia Cima donde prepare la selectividad, desde siempre quise estudiar Medicina y así lo hizé.

Terminé la carrera en un tiempo difícil donde el trabajo escaseaba y fue difícil encontrarlo.

   He sido Médica de Familia durante 33 años, mi primer destino fue Fabara y el último en Centro de Salud Actur Sur donde he tenido la suerte de tener como pacientes a María y Alfredo que me hablaron de esta fantástica idea en un momento de mi vida en que estaba empezando a plantearme mi futuro en soledad. Estoy divorciada y tengo un hijo que me ha dado dos nietos: Alicia y Daniel.

   Mis aficiones son: lectura, cine, teatro, reuniones con amigos y sobre todo viajar, me he recorrido medio mundo desde Canada a Vietnam aunque ahora que ya me van fallando las fuerzas me voy quedando más cerca.

   La idea de afrontar esta última etapa en compañía me parece muy interesante, a pesar de todas las dificultades, ahí estaremos haciendo camino al andar.

Pepa A.

Los viajes

Dos han sido los viajes más extraordinarios que he realizado hasta ahora en mi vida.

El primero, allá por el 78, a Marruecos y el segundo, en el 87, a Zaragoza. En los dos coincidió la Estación de Origen: Murcia.

Murcia es una pequeña ciudad en la que destaca la luz y los olores, además de una muy buena gente que me impulsaron a andar, valorar lo más justo que consideraban y reflexionar sobre lo que me rodeaba.

Una de las frases más antiguas que perdura en mi memoria era la que mi madre repetía a mi padre: “Pepe, nuestras hijas estudiarán porque bastante tontos hay con nosotros”.

Mi madre, con sus escasas cuatro reglas y valores socio-culturales de la época, creía que en las escuelas y universidades era donde se salía de la ignorancia y alcanzaba la sabiduría para ser autónoma, alcanzar metas y ser más feliz. Razón tenía, aunque poco a poco fue descubriendo y enseñándonos que además de estas escuelas, estaban las de la Vida y la Voluntad.

En aquel primer viaje al extranjero, a Marruecos, repleto de exotismo, sensaciones y sorpresas, descubrí y empecé a vivir mi gran amor por los Viajes y lo Diferente. Amores que se han ido consolidando, he mimado, sufrido en muchas ocasiones y disfrutado a tope a lo largo de toda mi vida tanto personal como profesional.

Mi segundo gran viaje fue a Zaragoza. Tierra inmensa, generosa y repleta de bellezas naturales y humanas, que me ha colmado más de media vida, a partir de un destino laboral elegido. Este Aragón me ha dado dos tesoros de hijas estupendas, valiosas relaciones y una gran familia de amigos a través de la Asociación Cultural Tertulia Albada, con quien he y sigo danzando y rodando por una impresionante variedad de terrenos y caminos, todo lo cual hace sentirme una gran privilegiada llena de satisfacción.

Hace dos años, en el 2020, coincidiendo con muchos acontecimientos e inicio de mi etapa de jubilada, aparecen en mi vida LAS CRISÁLIDAS una serie de personas con las que comparto ideas y formas de vida presentes y futuribles. Personas cargadas de calidad de vida y humana, ilusiones y antiguos proyectos de convivencia dejados atrás por mi.

Me dije: ¡¡¡Qué gran oportunidad!!! Y ciertamente, ¡¡¡cuánto estoy aprendiendo, qué a gusto me siento con estas nuevas amigas Crisálidas!!! ¡¡¡Cuántas ideas, deseos, incertidumbres e ignorancias comunes, respecto a un proyecto de vida en común y colaborativa!!!. Y fui adentrándome en picado en un grupo variopinto y diverso con el que me identifico y emocionalmente me fortalezco, en un porcentaje muy muy alto.

Más la vida es juguetona y como un arma de doble filo. Se empeña y me hace mirar y reflexionar sobre mi presente y futuro.

Y aquí estoy, en taquilla, reflexionando sobre mis proyectos de vida, la voluntad, los temores, lo diferente, la convivencia, lo emocional… , en definitiva sobre el tercer Viaje más importante de mi vida, que supondría el retorno hacia mi estación de origen.

María Carmen Plou

Soy de Teruel

Nací en 1955, en Blesa, un pequeño pueblo de los confines de Teruel, donde de niña bailaba encima de los zapatos de mi padre, que tenía un rio, una escuela con niñas con quienes jugar a la comba y una maestra amable que me impulsó a sentir que de mayor sería maestra. Pero las niñas emigraron, el río fue trasvasado a través de un canal, yo continué el estudio por libre del Bachillerato y no fui maestra.      

Así pues, no acerté a imaginar cómo sería mi vida, que ha ido sucediéndose y adaptándose a las circunstancias que llegaban, esas a las que doy un sí silencioso, a veces apenas perceptible, y que van marcando mi disponibilidad y mi pertenencia.      

El modelo de una amiga me inspiró para trabajar en una oficina y después, también emulándola pasé a trabajar en la Universidad por casi 43 años, donde de inmediato conocí la existencia de viajes maravillosos, de psicólogas, la importancia del cuidado personal… y se abrió una etapa de enriquecimiento y constante superación en un gran colectivo humano.    

 Por otra parte, mi entorno familiar se amplió con mi pareja (José Antonio, que murió joven) y mis hijas Esther y Beatriz, y hoy con mis nietos Martín, Úrsula y Ernesto, y siempre he estado cercana a la vida de mis padres y hermanos. Y ampliando el círculo de relaciones, formo parte de una extensa familia política, de los vecinos de mi barrio donde todos nos conocemos y un poco más tarde del grupo de amistad de la Tertulia Albada y de las danzas.      

Decir “la tertulia” es referenciar otro capítulo importante de mi vida donde me sentí pertenecer desde el momento cero. Mis aficiones cobraron fuerza en esta etapa, a veces estimulada por el grupo, otras sintiendo que yo formaba parte de su engranaje de funcionamiento. Y siempre con el modelo de conjuntar en el abanico de actuar la familia y la amistad.

Mis placeres son sencillos: ir en bici es casi el primero, pues si soy capaz de subirme al sillín, otro mundo se abre ante mi, existiendo solo el momento presente, y me ha llevado desde disfrute de ir y volver al trabajo, hasta el de recorrer algunas de las vías ciclables importantes de Europa. En este placer se unen ejercicio, aire libre, amigos, familia y viajes ¿qué más se puede pedir? Y las danzas del mundo, en pugna

por el liderazgo con la bici, han sido otra de mis grandes pasiones, conjuntándose en las mismas también los amigos, mis hijas, el aire libre, la música, el movimiento y los viajes (me repito, pero así es).

Y entre los mejores regalos que he recibido están los aprendizajes que las personas y los libros me brindan y que absorbo selectivamente, y por supuesto, saberme querida, sentirme querida, quererme a raticos. Y el compartir un baile, una danza de la mano, un paseo, una tarea, un viaje, una comida, una llamada telefónica o un ir al cine. Y por todo ello, en uno de mis perfiles está la imagen de un diamante como recuerdo y gratitud por los destellos que me han sido brindados y que me constituyen, aunque no los recuerde exhaustivamente.

¿Y Las Crisálidas? Sois un grupo que siento abierto y disponible y con el que aún han de crecer las relaciones personales y hacerse realidad los nuevos proyectos que nos unan. No sé si me cuesta soltar amarras o lo que me cuesta es anclar nuevas ilusiones, pero estoy disponible, aunque tenga una vida ocupada todavía.      

Estoy contenta con lo vivido hasta aquí y creo que no tengo prisa ni miedo a morir y tampoco deseo vivir más allá de una vida relativamente sana, aunque la llegada a la vejez, esa a la que poco a poco me voy acercando y que mi nieto percibe (“Yaya eres muy, muy vieja”) me da un poco de vértigo, e intuyo que estando cerca de iguales será más gratificante. El factor suerte y la cercanía de los demás ha estado de mi parte muchas veces, como siento que seguirá siendo a través de Las Crisálidas. Gracias por estar ahí. Seguiremos conociéndonos y compartiendo.

Ángela R.

Primera Etapa

Nací en Tarazona a mitad del siglo XX, una infancia de posguerra, aún con cupones de racionamiento, con muy pocas cosas, como la mayoría de la época, pero feliz, mucha calle, campos, aventuras y chandríos infantiles que la disfruté.

Mi padre tenía una imprenta que, yo aun muy joven, tuvo que cerrar, asfixiado por los “nuevos amos de la ciudad” que no les gustaba su ideología, sobrevivimos la familia haciendo jerséis con dos tricotosas caseras.  Mis padres no eran de los que querían que sus tres hijas tuvieran en su prioridad casarse, ellos querían que estudiáramos, y lo consiguieron, yo hice bachiller elemental, libre, examinándome en Calahorra, y magisterio que también dependía de las Anas de Zaragoza, ambas cosas nos preparaban las monjas, que era el único camino a poder estudiar las chicas en Tarazona, pues el IES era solo para chicos, a no ser que tuvieran dinero para llevarte a estudiar fuera, que no era el caso. Mi ilusión de estudios no era magisterio, era estudiar Matemáticas, mas tarde ya en Madrid, nocturno, hice estudios y empecé la carrera y más tarde estadística pero nunca pude acabarlas.

Segunda etapa

A los 17 años recién cumplidos salí a trabajar, mi primer destino fue La Alfranca, Escuela Unitaria con 40 alumnos, y al siguiente me fui a Madrid, donde en esta ciudad y Aranjuez estuve 10 años que cambiaron mi vida y mi destino. Los curas obreros de Moratalaz y mi cuadrilla de jóvenes, hicieron que pasara de “pija” a “progre”, cambió mi visión de la

sociedad, mis intereses de vida y junto con ellos luché por la democracia y la libertad, milite en la “plataforma de Moratalaz”(como una Asociación de Vecinos) y ORT (partido comunista-leninista), ambos, claro, clandestinos y viví muy de cerca esa cacareada transición que, cuando la cuentan, para nada tiene que ver con los acontecimientos y realidades que yo viví, con mucha acción e intensidad. Fundé, al amparo de mis amigos, dos colegios. Uno en Moratalaz COIS (Cooperativa Polígonos I y S) Siglo XXI, y Trabenco (Trabajadores en Cooperativa) en Zarzaquemada Leganés, también con ellos descubrí otras formas de llevar mi trabajo en la enseñanza, métodos Freire, Freinet… enseñanza asamblearia, creativa, motivadora… que también dejaron una huella para siempre. Viví hasta muy mayor siempre en pisos compartidos, variados y muy divertidos. Se puede decir que este inicio de mi juventud fue plena y rica en vivencias de la que siempre he estado muy orgullosa.

Tercera etapa

A los 28 años 1978 ya en democracia recién estrenada, me vengo a Zaragoza por razones personales. Esta etapa de mi vida la mas larga unos 30 años, se caracteriza por mi actividad social (siempre en la calle, reuniones, manis, huelgas….), ORT-PTE hasta que se disolvió, algún tiempo en IU, sindicatos STEA, UGT, CGT

(tres  años liberada sindical), casi todas las luchas de la época, pacifismo; colectivo de la paz y el desarme. Ecologismo; antinucleares, bajada del Ebro, Ecofontaneros: anti-chales del Moncayo, línea de alta tensión: Gistain-Madrid- escalada a la torre de Madrid, Paris escalada a la torre Eiffel, bajada del Ebro, Antimilitarismo y objeción fiscal y de conciencia. Feminismo. Solidaridad internacional, viaje a Nicaragua. Marchas contra las bases americanas. Marchas por la Paz….en fin interminables actos, acciones y participaciones.      En la enseñanza, aparte de la acción sindical fui muy activa en la EVA (Escuela de Verano de Aragón), participé en su Permanente y en todas sus jornadas de verano. En mi trabajo estuve en muchos pueblos que muchas veces los elegí por estar en el medio rural, casi siempre viví en ellos. A ver si me acuerdo de todos: La Cartuja, El Burgo de Ebro, Tierga, Illueca, Gotor, Malanquilla, Novillas (de aquí luego 3 años en Zaragoza, Hermanos Marx), Vera de Moncayo, Juslibol, Castejón de Monegros, Almudevar, Grañén y desde 1998 hasta 2010 (jubilación) dos colegios en Arrabal-Picarral.      Lo rural fue estupendo en mi trabajo, muy satisfactorio, pero en la vida vecinal agridulce, encontré personas maravillosas pero también un entorno social que me hizo muchas veces estar a la defensiva, alerta ¡nada cómoda!.

Cuarta etapa

¡Y vino mi hijo en 2007! Otra etapa totalmente distinta, me convertí en madre cuidadora (también de la mía), acompañante de su vida: futbol, entrenamientos, fiestas, deberes … lo propio de mi nueva situación, conocí a padres y madres mucho mas jóvenes que yo, con ideología (o sin ella) distinta a la mía, que me hicieron ver otra realidad de ver la vida y  

el mundo, ese que siempre quise arreglar, me bajé de mi espacio al suyo y me enriquecieron con muchas cosas. Así han pasado 14 años y se ha hecho mayor…, sigo manteniendo mi ideología y colaboro, actualmente algo con ZEC (Zaragoza En Común) y memoria histórica de Tarazona, cuando veo que puedo ser necesaria o simplemente pienso que debo estar, pero ya sin ninguna obligación en mi cabeza.

¿Última etapa?

La etapa que viene por delante, mi verdadera jubilación, aun está por construir, son los inicios y me gustaría que fuera junto con este grupo ilusionante, pues aunque no es mucho tiempo que a la mayoría os conozco, es positivo mi sentir hacia todos vosotr@s, y poco a poco soy parte de este proyecto conjunto, hacia una vida de sosiego, activa y enriquecedora convivencia y ¿por que no? de Felicidad, que yo estoy convencida que tod@s nos merecemos.

Fernando Bel

Semblanza:
Descripción física o moral de una persona, generalmente acompañada de una breve biografía.
Retrato o bosquejo biográfico de una persona.

Hola a tod@s. Recién aterrizado en Crisálidas, me dispongo a dar forma escrita a una petición recibida: escribir mi semblanza. Es difícil pues hablar en público de uno mismo no deja de ser un acto de desnudarse ante los demás y con el paso del tiempo cuesta mucho despojarse de aquellos ropajes que le envuelven y protegen e incluso forman su propia piel.        

De entre las dos definiciones encontradas, me he decantado por la segunda (RAE) ya que una descripción física sería incapaz de realizarla puesto que ni yo mismo me reconozco cuando me miro al espejo de un día para otro y la disociación entre lo que veo y la imagen que yo creo que tengo de mí, es abrumadora. Y en cuanto a una descripción moral, también me sería muy difícil y además me la cuestionaría al momento porque con mis años ya me he planteado muchas veces qué es la moral y cuál es mi moral ante los continuos hechos que se suceden día a día.      

Uff… demasiado complejo y una diatriba filosófica permanente. Así que me decanto por escribir una breve biografía, si es posible, porque con 62 ya bastante pasados, los hechos biográficos son innumerables y además, según el día y el estado de ánimo, algunos, totalmente variables. Seré práctico y trataré de resumir mi vida de forma que evite las fechas y un listado de enumeraciones, si puedo.      

Nazco en Alcañiz en la grisácea postguerra y tras una infancia de juegos en la calle, a la salida del colegio, de canicas y de “churro va”, de escondites y una adolescencia de risas y diversiones con los amig@s de la pandilla en los “cachirulos” donde los bailes agarrados se sucedían con los primeros pitillos mentolados, comienzo mis estudios en Zaragoza. Allí todo cambia y tras dos cursos de “estudios” y “diversión”, abandono la ciudad y vuelvo a Alcañiz para trabajar.      

Tras cuatro meses de trabajo y soportando el rigor del clima del Bajo Aragón, en verano, aprendo la lección más importante de mi vida y decido retomar los estudios, pero esta vez me voy a Teruel donde a la vez de estudiar también trabajo y comienzo a entender de qué va la vida. La crisis de los ochenta me coge de lleno y mi única alternativa consiste en opositar.      

Tras encerrarme un año apruebo la oposición para maestros en Barcelona. Mis primeros puestos de trabajo son en barrios obreros del cinturón de la ciudad, lo cual me facilita conocer a un tipo de alumnado con el que he trabajado toda mi vida, excepto cuatro años en el medio rural. Tras treinta y cinco años trabajados, la mayor parte de ellos en los IES de Zaragoza con alumnos desfavorecidos, me jubilo con mis hijos ya mayores, que no independizados totalmente, y alterno mi vida con mis estancias en Zaragoza, de donde soy, y Ayerbe, donde puedo disfrutar sencillamente de la naturaleza.      

Mis aficiones son tantas, tan variadas y me ocupan tanto tiempo que no puedo desarrollarlas todas. Pero si me decantase por alguna, esta sería la de viajar, que me obliga a leer, fotografiar, conocer, aprender y también a hacer bricolaje en mi furgo. Es tan completa, intensa y motivadora para mí que embarga mi vida y constituye en gran parte mi motor vital.

 En esta última etapa, cuando uno toma conciencia de su libertad y la ejerce sin miramientos y la soledad asoma en cada rincón de la casa, es cuando conozco a Crisálidas y veo una gran oportunidad de crecimiento y motivación personal. Conocer, aprender y compartir un bonito proyecto de vida, cuando todo esto parecía ya desvanecerse, con personas inquietas con una enorme experiencia y sabiduría y también viajeros, como yo, de la vida, es no menos que apasionante.

   Gracias por vuestro acogimiento y espero poder aportar un pequeño grano de arena a este proyecto.

«Ten siempre a Ítaca en tu pensamiento.
Tu llegada allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguardar a que Ítaca te enriquezca.
Ítaca te brindó tan hermoso viaje.”

Konstantino Kavafis

Lucía Paúles

Vivencias

Me llamo Lucía Paúles Sanagustín y soy la mayor de cuatro hermanas, tres muy seguidas y otra 12 años menor. Soy de Sabiñánigo, pueblo industrial y con trabajo al que venían trabajadores de todas las provincias de España.

Mi infancia son recuerdos de unos inviernos fríos y largos, con grandes nevadas y calles heladas de noviembre a marzo, donde más que caminar tenías que patinar. Y unos veranos alegres, bañándonos en el Gállego, mientras nuestras madres lavaban y alguna vecina gritaba a su hijo intrépido “Antoñito ven acá, que como te afogues, te mato“. El Gállego era un río caudaloso con el deshielo, lleno de vida, con fuerza, hasta que hicieron el canal y lo mataron. Mi casa limita con el río y la montaña, quizá de ahí me viene mi amor por la naturaleza. Cuando el sol bajaba, mi calle se llenaba de críos —30, 40 o más— y de los vecinos mayores que a veces participaban de nuestros juegos y correrías. Después de cansados de correr venían las historias de las personas mayores hasta por lo menos las 12 de la noche para aprovechar la fresca. Mi calle era especial. Ahora está casi vacía de gente pero llena de coches, no es lo mismo.      

Mi formación, siempre en centros públicos. En la escuela había niños de todas las regiones y al principio a veces era difícil entenderles en sus dialectos, pero fue interesante comprobar que había otras formas de vivir y de hablar. La alegría de que el instituto por fin fuera también femenino, en mi caso única manera de poder hacer el bachillerato, que hacía muchos años que era masculino. Alegría también porque muy pronto me di cuenta de que estudiar era la única forma de salir de las fuerzas de toda la sociedad que empujaban a la mujer como único destino a ser ama de casa. ¡Con la cantidad de trabajos que podían elegir los hombres! En la Universidad Laboral de Cáceres, a media pensión, me diplomé en Empresariales, a casi 1000 km de mi casa y donde la comunicación más rápida entre ir y volver una carta era como mínimo de 14 días, (igualico que ahora con los móviles…). La licenciatura la hice en la Universidad de Zaragoza. Siempre con becas y, para completar ingresos, trabajando en verano, además de compartir pisos e incluso habitación, en todos estos años con 25 o 30 compañeras. Así que creo que tengo también un master en compartir y convivencia. No he sido empollona pero si muy curiosa, por lo que todas las asignaturas me parecían interesantes, y mi favorita la educación física para poder jugar y correr.

Más adelante, ya trabajando me hice censor jurado de cuentas, mundo copado por los caballeros, todos trajeados en oscuro y encorbatados. Esa era mi manifestación diaria, simplemente mi presencia, haciendo un pequeño hueco donde las mujeres pudieran colarse. Es verdad que después de 40 años hay muchas mujeres, pero también que casi siempre vienen de la mano de sus padres o compañeros.      

Mi vida laboral: durante 40 años he sido asesora de pequeños empresarios en contabilidad y fiscal, en teoría, pero en realidad de cualquier tema empresarial que quisieran preguntarte. Los cinco primeros años por cuenta ajena, en conjunto los más felices. Los 35 siguientes, como autónoma, ganas de complicarse uno la vida.

En lo profesional puedo decir que he cerrado el círculo y comprobado que es mucho más fácil reivindicar que te den un trabajo digno que ser capaz de proporcionártelo a ti misma y proporcionarlo a tus empleados. En los picos de trabajo, quien tiene que cargar con las horas extras es uno mismo, ya que el horario del trabajador hay que respetarlo. Contenta con lo realizado pero muy duro nadar a contracorriente, te agotas. En lo personal no he cerrado el círculo: soy hija pero no tengo hijos, no me ha dado tiempo de tenerlos y mucho menos me hubiera dado de criarlos.        

Mis aficiones o, como dice la canción, ¿a qué he dedicado mi tiempo libre? Siento que he tenido poco tiempo libre. Me hubiera gustado tener más. Me gusta leer, me siento amiga de los libros. A veces es bueno tener poco dinero y con 25 pesetas al año ser socia de la biblioteca de tu pueblo y sentirte, en tu ignorancia, astrónoma solo porque ya has leído todos los libros sobre el tema de la biblioteca, en realidad solo tres: la luna, el sol, y la vía láctea, no había más. A veces me gustaría poder leer todos los libros del mundo, aunque sé que es imposible. Me gusta estar en contacto con la naturaleza, senderismo, playa, montaña. Conversar, filosofar con los amigos o cualquier persona que te encuentres por el camino, que la vida te sorprenda, me he encontrado gente muy interesante. Viajar, sobre todo si es por tu cuenta, para poder conocer gentes diferentes. Si viajas con agencia, al final todos son españoles. He practicado yoga durante muchos años, me gusta. Y también,cuando he podido, he intentado aprender cualquier tipo de bailes: danzas, tango, latinos, sevillanas…      

Confesiones: sufro frecuente jaquecas —por si algún día estoy algo rara—, soy algo sorda —por si no me entero de algo o grito demasiado al hablar, pensando inconscientemente que a los demás también les falla el oído—, y bastante despistada, ¿quizá vagando por los mundos siderales?        

Mi última etapa, ilusionada con nuestro proyecto, ¿quizá otra vez ganas de complicarme la vida abriendo nuevos caminos? Espero, con la ayuda de todas las crisálidas conseguir nuestros sueños sin demasiado esfuerzo y poder disfrutar de nuestros años en común contentos con lo conseguido.

Maribel Oliver

Retazos de vida

Soy una mujer nacida en los 60, que pasó su infancia disfrutando de la vida en el pueblo durante el largo verano, en un Teruel en el que todavía había gente todo el año, y que crecí en la cultura del trabajo y del esfuerzo. Hija de obreros, que me educaron y apoyaron para que me formará en la universidad y tuviera un futuro con más opciones de las que tuvieron ellos.    

Pronto empecé a trabajar y he tenido la suerte de que mi trabajo me apasione y consiga que me implique totalmente. Junto a mi pareja hemos formado una numerosa familia con tres chicos que ya son adultos y casi independientes.

Durante toda mi vida he tenido una gran ilusión, viajar, conocer mundo, gentes…, y disfrutar de todo lo que me rodea. Aunque me incorporé tarde también he disfrutado mucho, y pienso seguir haciéndolo, de los paseos y rutas en bicicleta con gente estupenda que siempre me aporta.      

En este momento de mi vida, aunque aún esté activa laboralmente y todavía tenga hijos en el “nido”, he empezado a pensar en cómo quiero que sea mi futuro, y creo que quiero estar con personas con las que me encuentre bien y con las que pueda compartir vivencias, aportando y recibiendo cada día y, en definitiva, viviendo tranquila y feliz.    

 Estas líneas son un pequeño esbozo de mi vida que comparto con vosotros, que espero y quiero que forméis parte de ese futuro que nos espera.